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Spotlight

27 mayo 2021
Del miedo a las expectativas Sobre "Marte: El espejo rojo"

Ana Llurba

En febrero pasado del año pasado, solo unas pocas semanas antes de que la actual pandemia global nos mantuviera en vilo hasta el presente, la directora del programa Marte 2020 anunciaba emocionada ante las cámaras el alunizaje del rover Perseverance sobre el cráter Jezero de su superficie desértica. Dicho evento de dimensiones históricas ha alentado de nuevo que la humanidad se observara de nuevo en el espejo invertido del planeta vecino.

Debido a sus similitudes físicas, desde los primeros registros por astrónomos egipcios en el siglo II aC, Marte ha sido depositario de nuestros más íntimos miedos y ansiedades (¿albergará formas de vida que atenten contra la Tierra?) y, en los últimos tiempos, acaloradas expectativas (¿será posible su terraformación?). Si las promesas de prosperidad y riqueza impulsaron el espíritu colonialista europeo desde el siglo XV en adelante, ¿cuáles son los móviles actuales? Mitología, cultura popular y ciencia triangulan una representación de este objeto astronómico: la última promesa que observamos anhelantes de la Tierra. Con expectativas por saber si hay, hubo o habrá alguna manifestación de algo parecido a la vida, si se puede convertir en un plan B. ¿Lo será?

Pero ¿seremos capaces de conocerlo sin conquistar, sin colonizar, sin la violencia histórica que de forma paradojal el mismo progreso científico ha alentado? Estas y otras preguntas yacen en esta exhibición comisariada por Juan Insúa, director del CCCB Lab. Marte. El espejo rojo propone una triangulación entre su representación como el dios de la guerra pero también de las cosechas, hasta su omnipresencia paranoica en la era pulp de ciencia ficción y como terreno para dimensionar los efectos futuros de la progresiva desertificación de nuestro planeta en el Antropoceno.

En sus varias huellas arqueológicas en objetos cotidianos y esculturas en las islas Baleares hace miles de años como Mars Balearicus, un síntoma de la cultura bélica y mercenaria de sus antiguos habitantes, hasta sus primeros registros y su lugar privilegiado en el sistema geocéntrico ptolomeico, que se puede apreciar en los antiguos libros de cosmografía expuestos, que las semillas del planeta rojo crecieron asumiendo diferentes formas en una época donde ciencia y mito florecían juntos. Considerando la Divina Comedia como una obra de proto ciencia ficción, hasta su referencia en Enrique V de Shakespeare como “musa de fuego” el periplo de Marte en esta exposición también nos lleva a las historias de sus malentendidos, como los “surcos” descubiertos por Schiaparelli en el siglo XIX que, por un error de traducción fueron concebidos como “canales” atribuyéndoles una construcción artificial. Así llegamos al siglo XX donde la ciencia ficción pobló nuestra imaginación de invasiones, monstruos y enanitos verdes.

Mars Balearicus. 400 a.C. Bronce. ©Museu de Mallorca

Sin embargo, una de las piezas más perdurables de esta época del auge de la llamada fantaciencia es Crónicas marcianas de 1950 donde el planeta es el espejo invertido de la Tierra, reflejando sus mismos dilemas morales ante el racismo y la guerra. En esta misma línea de elegía y tono melancólico se puede ver un fragmento de Blues para un planeta rojo, de Carl Sagan, así como las condiciones de producción de la trilogía que le dedicara el escritor Kim Stanley Robinson, inspirado por el desierto de Sierra Nevada y el sublime paisaje de la Antártida. Hacia el final de la exhibición se pueden apreciar los proyectos actuales en diferentes agencias espaciales enfrentados en el mismo pasillo, como un reflejo invertido, con sugestivos proyectos de imaginación especulativa.

De la gesta épica a la elegía, de la canción de guerra al blues, de la ensoñación medieval a la representación objetiva y veraz, de la precisión astronómica de la modernidad al miedo y la paranoia en el siglo XX hasta las expectativas actuales, en Marte. El espejo rojo se puede apreciar cómo éste alentó tanto a científicos, como escritores y artistas de diferentes épocas. De  la ilusión óptica y el espejismo a la presunta precisión especular de la ciencia, a medio camino entre la descripción objetiva y la fantasía afiebrada, Marte aparece en este recorrido expositivo con gran contundencia didáctica, vertebrado en las múltiples frágiles aristas que lo construyen en el pasado, el presente y el futuro de nuestra imaginación colectiva.

Percival Lowell observando a través de su telescopio © Lowell Observatory collection

Miembro del equipo técnico trabajando en la planta piloto de MELiSSA

(Imagen destacada: Amazing Stories, vol. I, núm. 9. Ilustración de cubierta de Frank R. Paul. Gernsback Publications, diciembre de 1926. © David Saunders Collection)

A Ana le fascina zambullirse en libros y películas, acercarse con precaución a esos tentáculos que yacen en las profundidades y volver para contar lo que ha visto. Estudió Teoría Literaria y Literatura Comparada en la UAB. Actualmente trabaja en el medio editorial, colabora con algunas revistas y fanzines y coordina el proyecto Honolulu Books.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)