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Spotlight

25 enero 2024

Iris Van Herpen: Fascinación Centrífuga

El siglo XXI nos ha dado algunos de los mejores encuentros entre diseño y tecnología. Pocos desfiles al respecto son tan memorables como Spring/Summer 1999 de Alexander McQueen, donde empezaba a verse en este diseñador alguno de los primeros escenarios de convergencia entre estas dos disciplinas, y la (no tan) incipiente amenaza de lo tecnológico – algo que sería evocado una vez más en su último desfile Plato’s Atlantis (2010).

Ciertamente esto no es algo que sucede a partir de finales del siglo XX ya que la relación entre moda y tecnología es en sí siempre estrecha: el diseño está ciertamente siempre ligado a esta. Pensar en diseñadores como Pierre Cardin y su incorporación del plástico y la esculturicidad en la década de los ‘60s. De igual manera que a comienzos de los 2000 los primeros desfiles del diseñador turco Hussein Chalayan daban cuenta de una línea de interconección muy marcada con diferentes niveles de tecnología que irían en incremento en los años subsiguientes. Ambos ejemplos de cómo aquello que hoy recordamos como low tech ha siempre estado ligado a la vestimenta.

Iris Van Herpen, Snake Dress (2010), Dewi Driegen por Duy Quoc Vo para V Magazine Online

En esta ocasión el museo de artes decorativas de París, propone en “Sculpting the senses” una exposición dedicada al universo fragmentario de la diseñadora holandesa Iris Van Herpen, con un recorrido enfocado en su trabajo de alta costura.

A pesar de estos precedentes, el estilo de Van Herpen es diferente, su visión hacia el futuro se encuentra a un nivel quirúrgico. Su enfoque estético roza el ascetismo, exhibiendo una pureza visual que refleja una profunda exploración del lenguaje arquitectónico más contemporáneo. No parecería haber lugar para la crudeza de ciertos materiales orgánicos, debe ser de este deseo donde afloran los versos sintéticos que dedica al agua y el viento.

Esta aproximación no solo se limita a la técnica y la ejecución basadas en la arquitectura paramétrica, caracterizada por su fluidez, fragmentación y patrones cambiantes, sino que también se extiende a la conceptualización de sus creaciones. Van Herpen es conocida por su capacidad para extraer inspiración de fuentes diversas, llegando a resultados cautivadores, y explorando temas vanguardistas que van más allá de las convenciones tradicionales de la moda.

Iris Van Herpen, de Quaquaversal (2016), Fotografía: Morgan O’Donovan

Pero la sala de operaciones es principalmente oscura – otro desacierto de la museografía – la diseñadora nos es presentada como un enigma, cuya creatividad solo será accesible a través de un proceso de reconocimiento semiológico, como replicando un proceso de ingeniería invertida.

La curaduría propuesta nos expone al trabajo de la diseñadora, confrontado con distintos objetos de arte y diseño intentando explicar cuáles son las fuentes de inspiración y dónde aparecen las relaciones con los diseños allí presentes. En este proceso solipsista todo antecedente histórico, como los ya mencionados trabajos de Hussein Chalayan o Alexander McQueen (con quien además la diseñadora dió sus primeros pasos), son erradicados.

Iris Van Herpen, Cathedral Dress (2012), Fotografía: Morgan O’Donovan

La escultura “Nautilus Penta” (2023) del belga Wim Delvoye, donde (como es habitual en su estilo) catedrales góticas son utilizadas como unidades mínimas siendo superpuestas (y en este caso) torsionadas hasta replicar la concha de este molusco del cual lleva su nombre, contrapuesta al “Cathedral Dress”, presentado en la colección primavera de 2012, donde un proceso similar es llevado a cabo, siendo quizás una de las relaciones más lineales en este esfuerzo por señalar posibles influencias.

A lo largo de la exhibición se percibe un intento de des-sensorialización de los espectadores, una búsqueda por embriagar los sentidos, alterando la percepción con una instalación sonora perturbante: el intento de materializar un efecto sinestésico, en referencia no solamente a la propia condición de Van Herpen, sino también a los temas de sus temporadas “Seijaku” (Otoño/Invierno 2017), donde explora las potencialidades estéticas de la cimática, que estudia la evolución visual de las ondas sonoras como patrones geométricos, y “Sensorie Seas” (Primavera/Verano 2020), donde convergen las teorías neurocientíficas de Santiago Ramón y Cajal, y sus dibujos estructurales del sistema nervioso, en comparación con patrones presentados por diferentes tipos de cnidarios y micelios.

Iris Van Herpen, de Roots of Rebirth (2021), foto por Myrthe Giesbers

Considerando justamente el dinamismo y las sensaciones vibracionales evocadas por el uso de las prendas, resulta bastante controversial – a nivel museográfico – la decisión de eliminar casi por completo el movimiento en la exposición de las piezas, siendo claramente esta su condición sine qua non.

Ciertamente esta dimensión semoviente, es esencial desde el germen de su trabajo como puede apreciarse en diseños de su Primavera/Verano de 2010, y repuesta en las esculturas de Kate McGuire y Juliette Clovis.

Iris Van Herpen, de Hacking Infinity (2016), Fotografía: Morgan O’Donovan

Este carácter dado por la ingravidez es esencial en el trabajo de Van Herpen, donde puede reconocerse un prolífico estilo oceánico. Referencias como las siluetas evocadas por Alexander McQueen en su ya mencionado desfile “Plato’s Atlantis” dan cuenta de que la relación acuática no es la única que interesa a la diseñadora, sino toda relación anti-gravitacional, todo dinamismo de la forma que pueda estar relacionado con desafiar las concepciones entrópicas (en un sentido estrictamente físico). Algo que a su vez contrasta con la rigidez y pesantez de otros diseños que hacen clara referencia a los procesos de cristalización y fosilización.

Registro de performance del grupo Between Music durante el desfile Aeriform (2017), Fotografía: Morgan O’Donovan

Lo de Van Herpen es sin lugar a dudas un universo sintético de convergencia entre las fuerzas de la naturaleza y las presiones culturales, reorganizar y reordenar los códigos y órdenes sociales en un estilo donde crinoides y gorgueras puedan copular hasta dar vida a una intrincada mesoglea[1]La mesoglea es el tejido principalmente acuoso que oficia de hidroesqueleto en animales del filo medusozoa (Medusas). artificial. Una simbiosis de alta tecnología y la artesanía de la alta costura, aparecen en bordados reinterpretando patrones micélicos.

En el desarrollo de apéndices tridimensionales, incluso revestidos en latex para imitar pieles de animales mitológicos, formas cócleas, y metales líquidos, los sujetos creados por Iris Van Herpen son cyborgs de cuerpos distantes. Los límites virtuales son evocados en una palpitante fascinación centrífuga, de donde se eyectan barreras sensoriales. Esta virtualidad funciona como un linde holográfico, mutable, tanto tecnológico como biológico: un límite que puede estar allí y ser un abrazo como un arma.


La exposición “Iris Van Herpen: Sculpting the senses” se presenta en el Museo de Artes Decorativas de París hasta el 28 de abril de 2024.

References
1 La mesoglea es el tejido principalmente acuoso que oficia de hidroesqueleto en animales del filo medusozoa (Medusas).

Gonzalo Pech [Argentina] es un texto sin estructura caracterizado por una narrativa por momentos excesivamente analítica. Su trabajo que transmuta entre la filosofía del arte y la publicidad desde su adolescencia está poblado de irreverencia y contradicción. Curador y Fotógrafo de formación ha preferido encuadrar su práctica en lo que llama Blessure D’art amalgamando su naturaleza nihilista aunque platónica.

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