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Spotlight

09 diciembre 2020
Notas sobre la puerta después de visitar la exposición “Upon Arrival and During our Stay, Leaving, Leaving and Leaving Again”

Helena Grande

Los usos simbólicos de las puertas son a menudo ignorados hasta que estas no funcionan como esperabamos. Las puertas son umbrales, entradas o salidas a una habitación. Delimitan los espacios privados y públicos. También aquellos de producción y de recreo. Dan acceso a lugares escondidos o los ocultan. Conectan el mundo de lo imaginario y lo real. Pero si una puerta no se abre o cierra cuando así se espera, si está atascada o regulada por ritmos automáticos irregulares, ésta cambia completamente el significado de lo que simboliza.

La primera exposición en solitario del artista Stephan Blumenschein Upon arrival and during our stay; leaving, leaving and leaving again” que tuvo lugar en la galería P/////AKT de Amsterdam el pasado Septiembre, giraba en torno a estas y otras simbologías de la puerta, especialmente en relación a la arquitectura del espacio y la inauguración. También exploraba aspectos complementarios de la exposición, como el sonido, el tiempo o la espera. El trabajo de Blumenschein presentaba un juego de 1, 2 o 3 puertas y su uso para provocar diferentes encuentros entre la gente y la arquitectura.

En este ensayo reflexiono con el trabajo de Blumenschein y me centro en su uso de la puerta como objeto artístico y su relación con nuestro mundo mediado actual. 

Puertas Corredizas

A la entrada de la exposición había dos puertas correderas transparentes que se abrían y cerraban de manera automática. En la de la izquierda se podía leer:

El preguntó de manera impaciente

¿Qué estais esperando?

Las puertas.

Dijeron ellos. Así que esperamos.

Un minuto o 2.

4, de hecho.

Los visitantes esperaban fuera de la galería hasta que las puertas se abrían y daban acceso al interior. El espacio expositivo estaba compuesto de tres habitaciones y un pequeño bar donde la gente corría a coger una cerveza antes de que las puertas se volvieran a cerrar. Antes o después, todos los visitantes debieron estar encerrados o dentro o fuera. Si no fue así, la verdad es que se perdieron la exposición.

El teórico de los media Bernhard Siegert escribió que «atravesar una puerta significa someterse a la ley de un orden simbólico, una ley que se establece mediante la distinción entre adentro y afuera». Las puertas corredizas a la entrada de P/////AKT más que indicar división entre el afuera y el adentro, regulaban el tiempo que se podía pasar en ellos. Al interrumpir la entrada de los visitantes, las puertas indicaban un nuevo código de espera para el visitante: la gente tenía que esperar para entrar o para irse hasta que las puertas se abrieran. El material transparente del que estaban hechas las puertas, también contribuía a oscurecer los límites entre interior y exterior, permitiendo al visitante mirar dentro del espacio expositivo desde fuera o dentro. El continuo movimiento de apertura hacia la calle acabó transformandola en una parte más de la inauguración. Las puertas corredizas abrían un nuevo diálogo entre el interior y el exterior.

El historiador cultural Hillel Schwartz situó el ritmo como parte central de su investigación sobre el orden simbólico marcado por las tecnologías tardomodernas. Su trabajo propone que la industrialización no representa una forma de arritmia, como si los ritmos vitales humanos se vieran trastornados por la incorporación de nuevas technologias a la vida diaria. Por el contrario, sugería que la industrialización fue un proceso de calibración de los ritmos de las máquinas para adaptarlos a la vida. Schwartz analizó numerosas tecnologías y los tipos de movimiento que  producían y como afectaban el cuerpo humano. Entre sus ejemplos se encontraba el cambio entre usar la puerta corriente y la puerta automática corrediza. Schwartz concluyó que la tendencia a substituir los movimientos rígidos y bruscos de las máquinas por movimientos fluidos y suaves, era la señal más común de cómo la tecnología se estaba adaptando a los ritmos humanos. En el caso de la puerta corrediza, su ritmo también sirvió para controlar el paso de la gente a la entrada de tiendas, el tren, el ascensor o la oficina. Este tipo de tecnologías, como las escaleras mecánicas, otorgan nuevos aspectos performativos a la arquitectura. 

Las puertas corredizas de Blumenschein se abrían cada cierto tiempo generando una nueva temporalidad que estaba exclusivamente dirigida por estas mismas. La capacidad del visitante para decidir cuando entrar a la exposición quedaba suspendido y acomodado al ritmo marcado por las puertas. Sin embargo, más que controlar el paso de la gente durante la inauguración, las puertas dieron una nueva performatividad al evento. Ellas crearon nuevos encuentros entre el afuera y el adentro, así como entre la gente que se veía obligada a esperar en el mismo sitio.

 

Fotografía Charlott Markus

Puerta

Uno de los espacios de la galería estaba separado por una puerta corriente. A diferencia de la entrada, el visitante se confrontaba con una puerta de madera ordinaria sin mensaje inscrito en ella. Podría ser la puerta de una habitación privada para el personal de la galería, la entrada a un armario o un archivo. En este caso el visitante tenía que elegir si abrir o no la puerta. 

La habitación revelada por esta puerta, contraria al resto de la exposición, estaba generosamente decorada. Había sillas, un banco de madera y una estera de acupuntura. También una mesa con un tocadiscos y altavoces. El nuevo vinilo de Blumenschein Hmm … 1, or 2 metros. Inside estaba sonando. El disco incluye una pista en la que Blumenschein lee una lista de las cosas que le gusta escuchar a un personaje que ha inventado. Escuchar este tema era cómo colarse en la vida cotidiana de alguien. Al igual que la puerta de esta sala, el audio trascendía el espacio de la galería y conectaba al visitante con un entorno más personal.

De forma similar al encuentro entre calle y galería o dentro y fuera, esta puerta parecía tener el rol de oscurecer los límites entre las esfera privada y pública. La música, los muebles y el hecho de que la puerta se pudiera cerrar y aislar la habitación del resto de la exposición, le daba un carácter acogedor y familiar a la habitación. Después de un rato, los visitantes se sumergían en la música. Sin embargo, había factores que daban al espacio un carácter público, como por ejemplo la presencia de extraños, el hecho de que cualquiera podía interrumpir en cualquier momento o simplemente dejar la puerta abierta. Como la obra Revolving Doors que Marcel Duchamp creó en su apartamento de París y que consistía en una puerta que servía para concetar su dormitorio, estudio y el baño. Esta puerta hizo que los tres espacios fueran compartibles y personales al mismo tiempo. El visitante de la habitación en P/////AKT estaba sujeto a esta misma ambigüedad de la coexistencia de lo público y lo privado.

 

Fotografía Charlott Markus

Puertas Ausentes

Como parte de la exposición en P/////AKT, el artista Blumenschein organizó una performance en un barco. Una vez que el grupo de visitantes estaba acomodado, un performer comenzó a tararear una canción mientras el otro arrancaba el barco. El texto de la performance comenzaba mencionando que «no hay puertas en los espacios expositivos». Las puertas en museos y galerías tienen una función, normalmente separan el espacio donde el arte se exhibe de la calle, el baño, el almacén o la oficina. Sin embargo, el espacio expositivo está dividido por puertas ausentes o lo que es lo mismo, aperturas en los muros. Estas son suficientes para separar las salas expositivas sin interrumpir el paso del visitante. Durante la performance la audiencia flotaba en un espacio sin puertas.

La segunda parte del texto de la performance nos guió hacia el diálogo interior de alguien, un día lluvioso y el breve encuentro entre dos personas en una puerta. Las puertas ausentes sugieren movimientos entre pensamientos, un pasaje en vez de una interrupción o una división. Igual que el espacio expositivo o el barco navegaba desde la galería P/////AKT hasta un pequeño puerto en la calle, los pensamientos de los pasajeros fueron guiados por las puertas ausentes. Como puntualiza el texto, las puertas producen “relaciones envueltas en un ritmo que se despliega a medida que uno se mueve con ellas, siempre más allá de lo que se ve.”

 

Fotografía Charlott Markus

El concepto de puerta ausente se acerca a la interpretación psicoanalítica de la misma. Como explica Siegert, la puerta es el símbolo entre lo real y lo imaginario que nos permite separar y reconocer a ambos. El imaginario es asociado al interior del sujeto y sus sueños, mientras que el afuera es lo real. Cuando lo simbólico es rechazado, lo real y lo imaginario colapsan. El sujeto proyecta sus sueños en el afuera y las leyes de lo real son suspendidas. La performance en el barco no tenía puertas físicas pero el contenido del texto las sugería. De alguna manera, la performance intensificó el poder de la puerta ausente para combinar lo imaginario y lo real.

Más allá de los usos específicos de la puerta en el espacio, la exposición Upon arrival and during our stay; leaving, leaving and leaving again materializó diferentes formas de mediación. Al mismo tiempo, exploraba la manera en que elementos arquitectónicos como la puerta cambian el significado y las relaciones entre las diferentes esferas de la vida, espacios, personas, y entre espacios y personas. Estos cambios son aplicable tanto al espacio expositivo como a los de la vida cotidiana pues Blumenschein se centra en objetos como la puerta. En definitiva, su trabajo sugiere que el orden simbólico contemporáneo de la mediación se ha vuelto ambiguo, inesperado, fluido, desmaterializado, pero siempre cambiante y en expansión.

Referencias

Badia, Montse (comisaria), Revolving Doors, apexart curatorial program, Nueva York, 2001.

Schwartz, Hillel, “Torque: The New Kinaesthetics of the 20th Century”, en Incorporations, ed. Jonathan Crary and Sanford Kwinter, Nueva York: Zone Books, 1992.

Siegert, Berhand, “Doors: On the Materiality of the Symbolic,” en Grey Room, Abril 2012.

Helena Grande escribe, publica, a veces organiza exposiciones y proyecciones, hace videos y mucha autoficción. Le interesa todo lo que enreda entre la literatura científica, la poesía y lo ordinario. La podéis encontrar en Amsterdam y a ratos en Madrid.

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