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Spotlight

24 enero 2019
Una conversación con JONAS MEKAS. Siempre existieron trovadores

María Muñoz

Ayer 23 de Enero de 2019 Jonas Mekas emprendió su viaje definitivo. Creo ser una de las ultimas personas a las que concedió una entrevista, ya que el pasado mes de junio tuve la oportunidad de conversar con él. Cuando una se pone delante de una personalidad como la de Jonas Mekas, aunque sea a través de una pantalla y a 6000 km de distancia, es inevitable sentir veneración y respeto, por eso este texto a modo de homenaje. Desde Maya Deren, Buñuel, John Cage pasando por Warhol, la Beat Generation, Pasolini hasta Susan Sontag, Nam June Paik o John Lenon su carrera confluye con una constelación de artistas que han configurado la historia del cine, el arte, la literatura y música del siglo XX.

A las 16h CET, 10h de la mañana del 22 de junio de 2018 en Nueva York, Jonas Mekas me recibió vía videoconferencia. A sus 95 años, mantenía una formidable forma y una mente tan lúcida como brillante. Hablamos acerca del rol de la mujer en el cine, de los ciclos históricos de poder, del archivo antológico que estaba construyendo en Nueva York y de su publicación Film Culture. “En los años sesenta en Europa existían publicaciones como Cahiers du Cinéma o Sight & Sound, pero en Estados Unidos no había nada parecido y mis amigos necesitaban un medio donde expresarse. Por eso mi hermano y yo creamos Film Culture. Las necesidades están ahí, siempre, también ahora. La humanidad está sedienta, aunque no lo sepa. Y hay que luchar. Pero haciendo cosas, no protestando. No me interesan ni las pancartas ni las manifestaciones, lo único que cambia el mundo es buscar alternativas y hacer cosas”.

Jonas Mekas (1922, Semeniškiai, Lituania – 2019, New York) hizo su primera fotografía a los 17 años, cuando los tanques soviéticos alcanzaron su pueblo. Emigró a Nueva York diez años después. Realizó su primera película autobiográfica a los 46. Fundó la Cooperativa de Cineastas a los 48. Su web a los 83. A los 92 presidió una instalación colosal de su trabajo en un Burger King de Venecia, durante la Bienal de 2015. Ahora sí, ya convertido en leyenda, voz y bandera de varias generaciones de cineastas independientes y experimentales, aparece ya en los libros de historia como una de las figuras más relevantes del cine.

Entre sus muchas anécdotas, explicó que llevó una copia de Un chant d’amour, la única película de Jean Genet, desde París a Nueva York, escondida en los bolsillos de su gabardina y que pasó aduanas con la ayuda del premio Nobel de literatura británico, Harold Pinter.

Y es que Mekas durante su vida entrelazó diversas disciplinas, algo muy actual, todos hacemos de todo, especialmente en el sector de la cultura. Alternó la crítica, la escritura, la realización cinematográfica con las funciones de editor o programador de cine, y según él mismo afirmaba, de un modo muy orgánico, sin ningún esfuerzo, un ser poliédrico. Parece como si Mekas se adelantase a su tiempo, retorciendo la historia: “Cuando vives, vives el ahora, el presente, no hay lugar para la historia. Nadie centrado en el tiempo en que vive piensa en hacer historia. Simplemente cada uno hace lo que se siente que tiene que hacer. En mi caso, hice lo que hice junto a amigos y para amigos, generando así una comunidad”.

En sus últimos años Mekas dirigió casi toda su actividad pública a la financiación del proyecto Anthology Film Archives de Nueva York —institución única que cataloga, preserva y exhibe películas de todo tipo y que cuenta con mas de cuarenta mil copias—. “Estamos reuniendo dinero y lo curioso es que la mayoría nos llega de artistas, no de gente del cine, estos nos ignoran… Hicimos varias subastas para recaudar fondos con obras de Richard Serra, Cindy Sherman o Christo. No hay un solo productor de cine que nos apoye, solo Scorsese y George Lucas se preocupan. La biblioteca reunirá y digitalizará todos los libros, colecciones de revistas y publicaciones que hemos reunido. La verdad es que no puedo pensar en otra cosa. Yo no hago esto por mí, lo hago por el cine, para que todo el mundo tenga acceso a estos enormes fondos documentales, que se remontan a los años veinte”.

Precisamente en el último año, en la industria del cine, las voces femeninas se han alzado y su eco ha contagiado otros movimientos feministas a lo largo y ancho del planeta. Me interesó la visión histórica que Mekas podría dar del rol de la mujer en el medio cinematográfico: “Las minorías, como las mujeres, y grupos alternativos comenzaron a entrar en juego con el video, principalmente porque abarató el proceso de la realización. Ya no era tan masculino”. Según Mekas se necesita cierta energía, “la energía del macho”, para convertirse en director de Hollywood. “A comienzos de los años setenta, aparecieron muchas mujeres cineastas. Hasta entonces, solo eran conocidas Leni Riefenstahl o Shirley Clarke, ambas personas muy fuertes”, continuó. 

Con respecto a los géneros fílmicos, afirmó que el documental y el cine poético de vanguardia son más femeninos. “Todavía no hay muchas mujeres en el novelístico”. Y es que Mekas llama a las películas narrativas, “novelísticas” y las diferencia de las underground, no comerciales y poéticas, que clasifica como “cine personal”. De hecho, muchas de estas últimas han resistido la prueba del tiempo, gracias, en gran medida, a sus propios esfuerzos como crítico, programador y distribuidor. “En ciertas formas de “cine personal”, hay muchas mujeres. Especialmente hoy en día, que tenemos cine gay y lésbico, asiático americano, negro, nativo americano, etc.” afirmó.

Hace medio siglo, en una conversación con Pasolini recogida en Cuadernos de los Sesenta, Mekas ya predecía un futuro marcado por cámaras e imágenes, como consecuencia del abaratamiento de las cámaras de video. “Le quitaremos el cine a la industria y se lo daremos a los hogares. Ese es el sentido verdadero del cine underground”, le dijo Mekas a Pasolini. Recordándole esta cita, Mekas dijo que Pasolini respondió mucho mejor: “Muchas casas tienen una máquina de escribir y eso no significa que escriban más y mejor. Las cámaras son como un bolígrafo en nuestro bolsillo, una herramienta más para comunicarnos, pero no necesariamente mejor”. Justo lo que ocurre hoy, todo el mundo tiene una cámara de alta definición en su dispositivo móvil, contribuyendo principalmente a una saturación de imágenes sin ningún aporte en la mayoría de casos.

Volviendo a la cuestión de la democratización en la producción de películas, nos aventuramos a conversar sobre la distribución: “La distribución actual también ayuda a las mujeres. Muchas de las directoras que realizaron películas entre los años treinta y sesenta no las pudieron mostrar. Hoy en día, con el video y el cine digital, se puede llegar a mucha gente. Además, se pueden mostrar a través de Internet, lo que también facilita las iniciativas locales de cine”.

Sobre Internet y nuestra sociedad altamente tecnologizada, donde corporaciones como Facebook, Google o Instagram son ya canales de distribución y filtran el contenido que construye nuestras subjetividades, le pregunté por su opinión en el efecto que tienen las redes sociales en las formas independientes de producción y distribución de cultura. A lo que Mekas contestó que: “Con Internet, el planeta es como una gran ciudad, pero dentro de la ciudad hay barrios. La sociedad en general es uniforme: lee, come, viste y consume las mismas cosas. Creo que no hay muchas diferencias entre los años sesenta y ahora. En la gran ciudad existen pequeños grupos, minorías que se conocen muy bien entre ellos. No te preocupes por estas grandes corporaciones que dominan la cultura y los medios. Hoy están aquí, pero mañana se irán, es una gran masa de la nada. Las pequeñas minorías pueden matar a los grandes monstruos. Las minorías y los animales en peligro de extinción siempre han existido. Tanto hace tres mil años como ahora. Durante la época medieval había malabaristas, titiriteros, contadores de cuentos y poetas, siempre existieron trovadores. A las minorías nunca nadie las tomó en serio. Yo soy parte de esa pequeña minoría. No nos toman en serio y no nos importa. Estamos aquí para celebrar la creación, no estamos aquí para ser empresarios, ni para destruir el planeta. Somos invisibles, pero somos esenciales para lo que significa ser humano”.

Y con esta declaración tan inspiradora, dejé a Jonas Mekas disfrutar de su desayuno al otro lado del océano.

Gestora cultural formada en Historia del Arte e Ingeniería de Telecomunicaciones, esa hibridez forma parte de su naturaleza. A caballo entre Berlín y Barcelona, colabora habitualmente en diferentes medios escribiendo sobre arte contemporáneo y haciendo hincapié en la confluencia entre arte, sociedad/política y tecnología. Le apasiona la imagen en movimiento y la música generada electrónicamente. Lo que más le gusta es compartir y dialogar a raudales antes de escribir, porque así, dice, no para de aprender.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)