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Spotlight

03 septiembre 2026

Yo hago el museo

Una práctica de mediación disidente y comunitaria en el MNAC

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Los objetos de un museo no están fosilizados en el tiempo, inmutables, sino que piden estar activados para estar siempre vivos. La eternidad, pues, está relacionada con los ojos del espectador. En este caso, con la mirada de Violet Ferrer, mujer trans, activista, artista y trabajadora sexual que lleva años trabajando en la recuperación de las memorias queer y putas de la ciudad de Barcelona.

Yo hago el museo es un proyecto enmarcado en el programa Comunitat 360º del MNAC que busca reforzar el rol social y comunitario del museo con su entorno, y fortalecer el vinculo con el vecindario y voces infrarrepresentadas en el ámbito cultural. Yo hago el museo se suma, además, a la línea de actividades sobre diversidad sexual y de género que el MNAC está desarrollando desde el año 2017, invocando en los espacios del museo presencias queer olvidadas y silenciadas a través de la performance, de itinerarios o de las artes escénicas.

En esta ocasión nos hemos preguntado: ¿Qué representaciones de trabajo sexual y de las disidencias sexo-género forman parte de la colección? ¿Quién ha producido el conocimiento que custodia el museo, y quién ha quedado fuera de su cura? Retiraremos el velo de la mano de Ferrer.

Lo que proponemos no es simplemente señalar la alteridad a la colección o sumar diversidad, sino cuestionar la epistemología patriarcal, colonial i heteronormativa que ha construido la institución alrededor de estas subjetividades.

Una deuda histórica

El título del proyecto es una respuesta directa a la exposición Yo hago la calle (MNAC, 2013) dedicada al fotógrafo Joan Colom, especialmente conocido por su trabajo en el barrio chino de Barcelona, el actual Raval. Colom disparaba con la cámara medio escondida en la mano, por debajo de la cintura, sin mirar por el visor, capturando de forma clandestina escenas de calle y, progresivamente, el entorno del trabajo sexual. Su trayectoria quedó marcada por el escándalo a raíz de la denuncia de Eloísa Sánchez Gadeo por uso indebido de su imagen en el libro de Camilo José Cela “Izas, rabizas y colipoterras” (1964), ya que no quería ser expuesta como prostituta.

En el catálogo de la exposición, los comisarios apuntaban la necesidad de una lectura feminista de la obra de Colom y reconocían no haber tenido en cuenta las opiniones de las mujeres fotografiadas sobre las representaciones que se les habían estado imponiendo (es necesario mencionar que muchas son ilocalizables o ya fallecidas). Yo hago el museo nace, trece años más tarde, como un primer intento de saldar esta deuda. Y lo hace, significativamente, desde la experiencia de Ferrer, sin necesidad de que un/a teórico/a externo legitime o conceptualice su relato. Aquí, la teoría feminista y la práctica no están disociadas, como normalmente lo está en la institución museística, sino que provienen de la misma experiencia personal y activista.

Una metodología disidente

Los proyectos de mediación deben impregnar el resto del museo para promover el diálogo horizontal y la colaboración con los agentes del territorio y comunidades que han habitado los márgenes de la Historia, en un proceso de transformación institucional.

Uno de los momentos centrales del proceso ha sido la visita de Violet Ferrer a las reservas de fotografía del museo, para acercarse a las representaciones del trabajo sexual y de la alteridad presentes en la colección; imágenes de Colom, Colita, Català-Roca y otras que captaron, a través de la fotografía, eso que quedaba fuera del relato cultural oficial. De este modo, también ha sido importante el acceso a documentos de la biblioteca del MNAC.

La investigación se ha basado en conversaciones entre Ferrer y el equipo coordinador del programa, a menudo en formato de mensaje de voz por WhatsApp y encuentros cuidados en el museo, construyendo una pequeña red de apoyo mutuo y de afecto. En un sector cultural marcado por la sobreproducción y la generación constante de capital simbólico a través de prácticas críticas, el proyecto ha querido ir en sentido contrario: trabajar menos horas, producir menos material, reproducir menos tanto los contenidos curatoriales como los eslóganes de la crítica institucional, con tal de centrarse en acompañar, facilitar y cuidar a la colaboradora en cada uno de los pasos de la investigación.

Como apertura de la investigación se han generado dos espacios de socialización y de conexión con el ecosistema cultural que rodea el MNAC. En primer lugar, un taller de retratos disidentes dirigido a jóvenes del barrio de la Marina impartido por la ilustradora Aitana Giráldez en el Espai Jove La Bàscula, iniciado con una visita guiada de la mano de la propia Violet Ferrer por diferentes obras del museo, y abordando desde su experiencia la representación del trabajo sexual y las disidencias de género con obras como “Santa Liberada” de Andreu Sala (una escultura barroca que, después de una reciente restauración, pasó de ser considerada un Cristo crucificado a identificarse como una santa que pidió una barba a Dios para evitar un matrimonio concertado), “A la Llotja” de Joan Brull (representación del deseo y la doble vida de la burguesía) o “En el Bar” de Ricard Canals (que conecta con la Historia de la Barcelona portuaria). En segundo lugar, una conversación abierta al público para compartir el proceso y los resultados.

 

Preguntas abiertas

Yo hago el museo no pretende cerrar ningún debate, sino activar unos nuevos. Debemos preguntarnos si las fotografías de Colom tienen que ser expuestas o no – por ejemplo, Eloísa no quería estarlo. ¿Quién debe custodiar la representación de las trabajadoras sexuales y las disidentes de género? ¿Cómo deben preservarse y cómo debe mediarse este fondo? ¿Cuál es el legado del activismo queer en Cataluña y cómo puede el museo apoyar el ejercicio de visibilización y resistencia política que hacen artistas, pensadoras y activistas como Violet Ferrer o colectivos queer y disidentes?

La maquinaria del cisistema ha producido un borrado sistemático. Yo hago el museo es un intento, modesto y consciente de sus límites, pero necesario, de contribuir a su reparación.

[Todas las imágenes corresponen al proyecto Yo hago el museo, presentado en el MNAC]

David Pablo Nicolás es técnico superior de Actividades y Educación en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, donde coordina diferentes programas de mediación, iniciativas comunitarias y de alianzas con el territorio y proyectos artísticos con escuelas. Especializado en arte y educación, acción cultural comunitaria, relaciones institucionales y producción de actividades, también ha impulsado iniciativas de interpretación del patrimonio en torno a la diversidad sexual y de género. Licenciado en Historia del Arte y máster en Análisis y Gestión del Patrimonio Artístico por la Universidad Autónoma de Barcelona, ​​su anterior trayectoria combina el trabajo como mediador y formador en los servicios educativos de equipamientos como el MACBA, el CCCB o la Fundació Miró así como la experiencia en el ámbito de las relaciones externas en cultura.

Helena Muñoz, artista, gestora y mediadora cultural graduada en Humanidades y especializada en arte y educación y en políticas culturales comunitarias. Ha desarrollado proyectos que interseccionan el arte, la educación y la investigación con el apoyo de instituciones como ACVIC – Centro de Artes Contemporáneas, San Andrés Contemporáneo, Sala de Arte Joven, Casa Tres Patios de Medellín, La Bonne y el CCCB – Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Su trabajo aborda especialmente las memorias populares y el derecho a la ciudad. Actualmente, colabora con el MNAC – Museo Nacional de Arte de Cataluña, donde es comisaria del programa Comunitat 360º. Paralelamente, sigue desarrollando sus proyectos artísticos y de mediación.

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