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El CCCB es una institución que, de manera coherente a lo largo de su trayectoria, se ha definido como «un centro cultural multidisciplinar dedicado a explorar los grandes temas de la sociedad contemporánea mediante distintos lenguajes y formatos». En sus treinta y dos años de historia, cuestiones como la inteligencia artificial, el cerebro, la cultura de los suburbios o figuras procedentes de ámbitos diversos —Chris Ware, Agnès Varda, Stanley Kubrick, el marqués de Sade o, más recientemente, Mercè Rodoreda— han articulado programas expositivos y públicos capaces de desplegar múltiples aproximaciones y niveles de lectura.
El culto a la belleza aborda uno de esos grandes temas universales. Como señalaba Umberto Eco, la belleza constituye una aspiración compartida por todas las culturas, aunque nunca haya sido una categoría absoluta ni inmutable. Su vigencia resulta especialmente significativa en el presente, cuando continúa siendo una construcción social profundamente condicionada por la industria estética, la economía de la atención y las redes sociales. La exposición parte de un posicionamiento cultural y político que no pretende tanto definir qué es la belleza como analizar los mecanismos que sostienen su culto.
La muestra es, en realidad, una adaptación de la exposición homónima presentada en la Wellcome Collection de Londres en 2023. A la comisaria original, Janice Li, se han sumado las investigadoras blanca arias y Júlia Llull, cuya aportación amplía el relato inicial e incorpora perspectivas más plurales, críticas y abiertas a las disidencias.
El recorrido expositivo se inicia de forma deliberadamente cronológica, guiando al visitante a través de los ideales de belleza clásicos, sustentados en principios de proporción, género y virtud. Sin embargo, esa narrativa aparentemente estable se ve interrumpida por trabajos artísticos que introducen fisuras y cuestionamientos. Las obras de Lorenza Böttner o Carlos Motta, entre otras, problematizan esos modelos normativos y evidencian hasta qué punto la belleza ha funcionado históricamente como un dispositivo de inclusión y exclusión.

Colita, Madre peinando a su hija, 1994. Santa Coloma de Gramenet, Barcelona. Copia fotográfica. Archivo Colita Fotografía
A medida que avanza la exposición, comienzan a desmoronarse dicotomías como bello/feo o virtud/fracaso, aunque otras continúan operando con fuerza, especialmente la asociación entre belleza y juventud. Las formas de exclusión persisten, aunque adopten nuevas configuraciones. Del exotismo colonial, capaz de cosificar cualquier forma de alteridad, se pasa a mecanismos contemporáneos de invisibilización vinculados a la raza, el género o la identidad. Frente a ello, colectivos trans, queer y no binarios han desarrollado estrategias de autoexpresión, resistencia y construcción de memoria colectiva. En este contexto, los retratos de Colita dedicados a la comunidad gitana, el proyecto Humanae de Angélica Dass, con su amplio espectro de tonalidades de piel, o los retratos trans de Norma Pérez dialogan de manera especialmente eficaz con los planteamientos de la exposición.
La muestra se adentra después en la compleja relación entre belleza, medicina y ciencia. Desde las prácticas cosméticas del antiguo Egipto hasta los ideales anatómicos del Renacimiento, el recorrido desemboca en el presente, donde la obsesión por la imagen —resultado extremo de la sociedad del espectáculo— se ve amplificada por la comercialización de productos farmacéuticos, tratamientos estéticos y procedimientos quirúrgicos. Los nuevos cánones ya no se asocian necesariamente a la proporción o a la virtud, sino cada vez más a la capacidad adquisitiva. La belleza aparece así como un privilegio susceptible de comprarse, con consecuencias que afectan tanto a la salud física como al bienestar emocional. ¿Cómo identificar estas formas de control para conquistar mayores espacios de autonomía? ¿Dónde termina el deseo individual y dónde comienza la presión colectiva? Las obras de Marina Vargas y Arvida Byström apuntan precisamente hacia ese desbordamiento de los límites normativos, haciendo visibles las restricciones que subyacen a cualquier canon.
La instalación Mirror, Mirror on the Wall, de Xcessive Aesthetics, sitúa al visitante frente a un espejo deformante en el que se refleja la contaminación visual que acompaña nuestra experiencia cotidiana. Un flujo incesante de imágenes, filtros, algoritmos y modelos aspiracionales que consumimos a través de las redes sociales y del que resulta cada vez más difícil sustraerse y que genera numerosas preguntas: ¿Quién establece hoy los cánones de belleza: las instituciones culturales, la industria estética, los algoritmos o las redes sociales? ¿Cómo afectan los filtros, la inteligencia artificial y la edición digital a nuestra percepción de nosotros mismos? ¿Puede existir una estética de la diferencia que no sea absorbida por el mercado? ¿Estamos asistiendo a una democratización de la belleza o a una sofisticación de sus mecanismos de control? ¿Es posible imaginar una sociedad menos obsesionada con la apariencia? ¿Qué perdemos cuando convertimos la belleza en una obligación?

Vista de la instalación Mirror, Mirror on the Wall (2023/2026) , Xcessive Aesthetics. Fotografía: Alica Brazzit
Pero El culto a la belleza no se limita al espacio expositivo. Como es habitual en el CCCB, la propuesta se amplía mediante un sólido programa público que cuenta con la participación de pensadores y especialistas como Eloy Fernández Porta, Remedios Zafra y las propias comisarias. A ello se suma un programa formativo dirigido a jóvenes LGTBIQ+, coordinado por Cordova y desarrollado junto a artistas como ¥E$Si PERSE y Toni Hervás, así como el ciclo cinematográfico Bellas y eternas, comisariado por Desirée de Fez para las Gandules 2026. La selección de películas de fantasía y ciencia ficción aborda cuestiones como la juventud, la presión estética o la obsesión por preservar la belleza, prolongando en la pantalla muchas de las preguntas planteadas por la exposición.
Más que ofrecer respuestas definitivas, El culto a la belleza invita a reconsiderar críticamente una idea que solemos dar por sentada. Porque, si la belleza nunca ha sido una categoría neutral, quizá el verdadero desafío consista en preguntarnos quién la define, quién se beneficia de ella y quién queda inevitablemente fuera de sus límites.
La exposición El culto a la belleza, comisariada por Janice Li, blanca arias y Júlia Llull así como su programa público puede visitarse y seguirse en el CCCB hasta el 8 de noviembre de 2026.
[Imagen destacada: Norma Pérez, «No soy moderna, soy mucho más antigua», 2022. Copia de exposición. Cortesía de la artista].
A Montse Badia nunca le ha gustado estarse quieta, por eso siempre ha pensado en viajar, entrar en relación con otros contextos y tomar distancias para poder pensar mejor el mundo. La crítica de arte y el comisariado ha sido una vía desde la que poner en práctica su convencimiento en la necesidad del pensamiento crítico, de las idiosincracias y los posicionamientos individuales. ¿Cómo si no podremos cuestionar la estandarización a la que nos vemos abocados?
www.montsebadia.net
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)