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Magazine

29 July 2013
El solsticio de Marc O’Callghan – parte 1

Ernesto Castro


Hoy es el solsticio de verano. Los habitantes del Mediterráneo Occidental se preparan para hacer cosas a escroto lleno: saltar hogueras, tirar petardos y things like that. En el ínterin nos citamos Marc O’Callaghan y un servidor. Basta decir, para ahorrarnos las presentaciones, que O’Callaghan es el veinteañero menos petulante que conozco en el panorama creativo barcelonés. Rara avis la suya, por cierto. Figuro que será tentador el incurrir en patinazos de autosuficiencia cuando acabas de participar en el Sónar, has realizado una estancia en la MittelCatalunya (Eclíptica, Castelltallat, Barcelona) y en Google aparecen cosas como «local under star» cuando tecleas alguno de tus pseudónimos. Para añadir mayor grado de dificultad a la comedida modestia del artista, sus creaciones están cargadas hasta las trancas de referencias paganas.

En su página web aparece sentado en la posición del loto haciendo (nada más y nada menos que) la V de Mister Spock. Háganse a la idea: ¿cuántos illuminati perdonavidas conocen incapaces de deletrear los nombres de sus deidades preferidas? O’Callaghan, profundo conocedor de estas tradiciones, a diferencia de los mentados illuminati, no se tira a la piscina así como así. Durante nuestra entrevista, los barrigazos teológicos fueron marca de la casa, no culpa del invitado. Entre cervezas y arroces melosos, los nombres propios fueron escasos, pero bien atados. O’Callaghan habla bien sobre masonería, sobre teosofía y sobre la madre del cordero. Ante referencias de este cariz, en otro contexto y con otro interlocutor, yo hubiera arqueado de forma inevitable las cejas, mensajeras de una burla tan apropiada como inminente. En este caso, tomo notas en mi cuaderno.

Perdona, ¿cómo se escribe eso? —Ge, U, E, Ene, O, Ene— deletrea para mi O’Callaghan.

Desde 2009 O’Callaghan ha sentado sobre sus rodillas el género del dibujo, ha descubierto su amargura, ha injuriado papeles y paredes por partes iguales. Hablamos de forma figurada del proceso creativo que ha llevado a este antiguo estudiante de Bellas Artes a la consolidación en el mundillo underground barcelonés. Y más allá de éste, tienen su blog. Allí cuelga desde hace tiempo ilustraciones que luego terminan impresas en fanzines o sobre murales; hay quien se ha lanzado a tatuarse los bichos alados de O’Callaghan, claro. Sus figuras rosa fosforito pueden encontrarse por igual en salones del cómic como en las paredes de su mancomunidad; esto último todavía no ha sucedido, salvo por alguna extensión del templo en alguna azotea privada, pero O’Callaghan me aseguró que tomaría en consideración el formato creativo grafitero en el futuro. Y es que la lascivia que transmiten las calaveras y los demonios de O’Callaghan resulta muy (pero que muy) apropiada para el espacio público de esta ciudad mediterráneamente habitada.

Ingenio a la hora de explotar el espacio no falta en sus composiciones, quizá en exceso abigarradas, pero nunca dispuestas de modo impropio. Algo de caos nunca viene mal. Véase, por ejemplo, la conversión de un enchufe en una vagina que tiene lugar en ‘La construcción de un templo’ (2011-12): “una demonia nos ofrece su toma de contacto gracias a la ingeniosa (no tenemos otra palabra) transformación de un cuarto de estudiante en un lugar de peregrinaje”. Un poco más allá, en el techo de la habitación, aparece ‘Mercurio crucificado’, con una bombilla por todo pene. Para quien no conozca la pieza, estamos hablando de cuatro paredes pintadas siguiendo ciertos arquetipos del zodiaco, conforme a la siguiente dialéctica de los cuatro elementos naturales: la pared norte estaría dedicada a Saturno y a Apolo (fuego), la pared oeste a Marte (tierra), la pared sur a Venus y a Diana (agua) y la pared este a Júpiter (aire). Pero dejemos que el propio artista se explique:

“La Construcción del Templo fue un proceso pictórico que llevé a cabo en la que fue mi habitación durante un año, en un piso de alquiler compartido entre cuatro personas. Los motivos están generados a partir de proyectar imágenes de pinturas de artistas reconocidos del pasado encima de la pared, resiguiendo de forma muy sintética con el pincel las partes que me interesaban -sobretodo las anatomías- y añadiendo partes de mi cosecha -como cabezas de perro o cráneos-.”

b) Método de Trabajo - Marc O'Callaghan

Solo por rebajar el discurso esotérico, que tantas embolias genera en un cerebro cerrilmente materialista como el mío, O’Callaghan nos arranca una sonrisa cuando confiesa que, durante la realización de la pieza, apenas tuvo otro alimento material que no fueran espaguetis y salchichas crudas Campofrío; en este preciso instante estamos comiendo una paella con brócoli; nos relamemos cuales cabras del Infierno pensando en tiempos peores. Meanwhile, no puedo dejar de asociar el trazo figurativo de O’Callaghan con las composiciones minimalistas de Haring: el mismo horror vacui de La Mare De Totes Les Idolatries, la geometría de El Último Día o el cachondeo de λόγος σπερματικός se pueden encontrar en los contornos a tiza trazados en el metro por el grafitero y artista neoyorquino.

Mañana más.

Ernesto Castro
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