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Magazine

22 April 2014
Más allá de Milano radicale, pensando en otra Barcelona

Irina Mutt


En el espacio de Sala d’Art Jove se ha podido ver estos días Efectes colaterals, més enllà de Milano Radicale, exposición organizada por Homesession y comisariada por Aria Spinelli. La inauguración contó con una charla a la que no pude asistir, así que este texto viene a ser una forma más de contribuir a ese debate, a pesar de que habría preferido poderlo discutir con algunas de las personas que participaron a lo largo las charlas organizadas en relación al proyecto.

Una de las preguntas claves en Efectes colaterals es: ¿qué puede el arte político? El análisis y la documentación crítica en torno a la cuestión, se generó a partir de la investigación del colectivo milanés radical intention. Como marco de referencia histórico, a parte de contar con artistas emergentes contemporáneos, se incluyeron artistas o colectivos que produjeron obras y realizaron proyectos entre los años 70 y 80, señalando el conflicto político y social de su época. Unas fechas no tan lejanas, que permiten establecer diálogos con sus protagonistas, generar encuentros físicos y poner en común problemáticas, anhelos y decepciones del llamado arte radical.

El proceso y el proyecto en sí son entendidos en este caso como diálogos abiertos y espacios de duda, construyendo un sentido que más que llegar a conclusiones, apunta a preguntas. La sala de exposición se entiende así como un lugar más, no el único, donde activar el arte. Un lugar en el que plantear correspondencias y afinidades entre artistas que hace 30 años pusieron en duda un sistema que hoy parece ser el mismo. Un escenario con otro color pero la misma mierda, vaya. Entonces, ¿servirían las experiencias de esa época para la nuestra?

“Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo “tal y como verdaderamente ha sido.” Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en un instante de peligro”. El pasado solo se reconoce en el presente, no tiene ninguna identidad consigo mismo, al igual que el presente no puede entenderse en términos de pura presencia. Esa extraña sensación de pensar que la historia se construye desde la actualidad, ocurre siempre en diferido, nunca somos sus protagonistas. De ahí la necesidad del documento, del olvido, la proyección y la recuperación.

Una vez citado a Benjamin, para aligerar peso, planteo la fantasía de un salto hasta finales de los setenta, pensando en qué pasaba en Barcelona. Imaginando qué documentos y obras recogería si quisiera encontrar momentos radicales y de potencia que pudieran ser afines con nuestro tiempo.

Se me ocurre un archivo kinki y precario, con Ocaña paseando por Las Ramblas, las primeras manis del Front d’Alliberament Gay de Catalunya, Nazario y la revista Makoki, el Vaquilla, La banda trapera del río y todo el underground lumpen que de alguna forma surgió cuando nuestro país dejó de ser abiertamente facha para pasar al puré mental y político que tenemos hoy. Lo que no fueron los setenta ni los ochenta, es tal vez lo que más me interesa para plantear posibles lapsos y continuidades históricas y culturales.

Me despido con otra cita, esta vez menos académica que Walter Benjamin, pero igual de contundente, para iluminar como un rayo – o como una llamarada de gasolina- de manera breve y fugaz este texto que habla de una exposición como excusa para preguntarse otras cosas, y de Milán como pretexto para rememorar otra Barcelona: “Ciudad podrida nos traes la noche y el miedo, ahora que estás dormida, las calles son llenas de fuego” (La Banda Trapera del Río, “Ciudad podrida”).

She keeps on quoting Annie Sprinkle.

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