close

En A*DESK llevamos desde 2002 ofreciendo contenidos en crítica y arte contemporáneo. A*DESK se ha consolidado gracias a todos los que habéis creído en el proyecto; todos los que nos habéis seguido, leído, discutido, participado y colaborado. En A*DESK colaboran y han colaborado muchas personas desinteresadamente, con su esfuerzo y conocimiento, creyendo en el proyecto para hacerlo crecer. También desde A*DESK hemos generado trabajo para casi un centenar de profesionales de la cultura, desde pequeñas colaboraciones en críticas o clases hasta colaboraciones más prolongadas e intensas.

En A*DESK creemos en la necesidad de un acceso libre y universal a la cultura y al conocimiento. Y queremos seguir siendo independientes y abrirnos a más ideas y opiniones. Si crees también en A*DESK seguimos necesitándote para poder seguir adelante. Ahora puedes participar del proyecto y apoyarlo.

Magazine

05 abril 2014
www.davidzwirner.com
Animatromic y la viralidad

Jordi Garrido

En los últimos días ha tenido lugar uno de esos fenómenos que se conocen como virales. Sin embargo, la peculiaridad de este caso es que nos muestra una instalación artística de Jordan Wolfson. Podríamos definir viral como una noticia, video o fotografía que corre como la pólvora entre los usuarios de la red; a veces surge de una campaña publicitaria – cosa que hace de la viralidad el Santo Grial de los publicistas – y a veces simplemente se debe a algo altamente inusual.

Bien, pues a pesar de que los animatronics fueron desarrollados en los 60 por Disney, lo que Wolfson presenta en la David Zwirner Gallery de Nueva York consigue erizar el vello de cualquiera. Bailando frente a un gran espejo al son de Lady Gaga o Blurred Lines, con una barra metálica clavada en el esternón, encontramos la obra: de melena rubia, con un escueto vestido blanco, guantes largos y botas altas a juego, manchas de hollín en nalgas, muslos, rodillas y pecho, y sobre todo, una máscara a medio camino entre el caricaturizado Shylock y un orco.

Dos de los aspectos que sin duda han contribuido a la viralidad en este caso son, por un lado, la pasmosa fluidez de movimientos – cortesía de la colaboración con Spectral Motions Studio -, y por el otro está la mirada, que se clava en el reflejo del espectador de una forma violenta y casi amenazadora. Otro tanto más a añadir es que la obra también habla – con la voz del propio Wolfson – además de hacer playback con la música de fondo.
Más allá de lo anecdótico de un robot que se contornea frente a un espejo, encontramos una reflexión sobre la cosificación de la mujer y la importancia de la mirada , algo ya tratado en anteriores ocasiones por J. Wolfson pero que en esta combinación de escultura, instalación y performance toma una dimensión de raíces psicoanalíticas: el espectador es invitado a identificarse con un punto de vista masculino y dominador. ¿Qué se siente cuando el objeto sexual devuelve la mirada? Pues una sensación extraña, quizás tan extraña como un robot bailando sensualmente frente a un espejo mirando a los espectadores que se ha convertido en un viral en internet.

Jordi Garrido intenta dedicarse a la cultura. Desde su formació en historia del arte compagina sus pulsiones artísticas contemporaneas con la vertiente más histórica del oficio, formando parte del proyecto de divulgación y reconstrucción histórica Barcino Oriens.

close
close
close
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)