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Magazine

05 April 2014
Animatromic y la viralidad

Jordi Garrido

En los últimos días ha tenido lugar uno de esos fenómenos que se conocen como virales. Sin embargo, la peculiaridad de este caso es que nos muestra una instalación artística de Jordan Wolfson. Podríamos definir viral como una noticia, video o fotografía que corre como la pólvora entre los usuarios de la red; a veces surge de una campaña publicitaria – cosa que hace de la viralidad el Santo Grial de los publicistas – y a veces simplemente se debe a algo altamente inusual.

Bien, pues a pesar de que los animatronics fueron desarrollados en los 60 por Disney, lo que Wolfson presenta en la David Zwirner Gallery de Nueva York consigue erizar el vello de cualquiera. Bailando frente a un gran espejo al son de Lady Gaga o Blurred Lines, con una barra metálica clavada en el esternón, encontramos la obra: de melena rubia, con un escueto vestido blanco, guantes largos y botas altas a juego, manchas de hollín en nalgas, muslos, rodillas y pecho, y sobre todo, una máscara a medio camino entre el caricaturizado Shylock y un orco.

Dos de los aspectos que sin duda han contribuido a la viralidad en este caso son, por un lado, la pasmosa fluidez de movimientos – cortesía de la colaboración con Spectral Motions Studio -, y por el otro está la mirada, que se clava en el reflejo del espectador de una forma violenta y casi amenazadora. Otro tanto más a añadir es que la obra también habla – con la voz del propio Wolfson – además de hacer playback con la música de fondo.
Más allá de lo anecdótico de un robot que se contornea frente a un espejo, encontramos una reflexión sobre la cosificación de la mujer y la importancia de la mirada , algo ya tratado en anteriores ocasiones por J. Wolfson pero que en esta combinación de escultura, instalación y performance toma una dimensión de raíces psicoanalíticas: el espectador es invitado a identificarse con un punto de vista masculino y dominador. ¿Qué se siente cuando el objeto sexual devuelve la mirada? Pues una sensación extraña, quizás tan extraña como un robot bailando sensualmente frente a un espejo mirando a los espectadores que se ha convertido en un viral en internet.

Jordi Garrido
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