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Magazine

05 julio 2012
Documenta & dis-placedness

Maite Garbayo

Feminismos y dOCUMENTA (13)

dOCUMENTA (13) recurre a los feminismos, así como a otros discursos deslocalizados y desuniversalizadores para articular una propuesta que se pretende politizada y crítica. Y aunque en algunos aspectos lo consiga, conviene tener presente el lugar en el que ciertas prácticas artísticas y discursivas se presentan, se legitiman, y corren el riesgo de ser absorbidas por la vorágine de la “tendencia”, perdiendo así su potencial subversivo para pasar a alinearse con la corrección a-política.

Ceal Floyer mordisquea sus uñas en el escenario. Delante, cientos de personas acreditadas esperan que arranque la rueda de prensa de la dOCUMENTA (13) de Kassel. El irritante ruidito copa completamente la sala del Palacio de Congresos. Era la primera de toda una serie de performances que tendrían lugar en las múltiples localizaciones que han caracterizado la presente edición de Documenta. La inmediatez de Floyer, la importancia del gesto, el acento en lo cotidiano, la presencia de un cuerpo, el cuerpo de la artista, en la escena… Elementos propios del acto, de esa performatividad de la que de repente tanto se habla, a veces sin conocer la variedad de sus implicaciones.

Interesante en dOCUMENTA (13) la noción de “deslocalización”. Sobre todo la capacidad de hacer que aquello que late en los discursos de la organización se refleje en las formas y en los espacios en los que las distintas propuestas se “deslocalizan”. Una clara aspiración política de proponer que los límites del arte estallen una vez más. Espacios como la “Orangerie” o el “Ottoneum” muestran los distintos trabajos artísticos junto con sus habituales colecciones del ámbito científico (astronomía, biología…). La interdisciplinaridad se convierte formal y discursivamente en una realidad, y como señala Carolyn Christov-Bakargiev en su ensayo, la línea divisoria entre aquello que es arte y lo que no lo es pierde importancia. Quizá porque se da por supuesto que en Documenta todo es legitimado como tal.

Lo interdisciplinario es también uno de los hilos conductores de la magnífica labor del departamento de publicaciones. Una gran variedad de pequeños cuadernos («100 Notes – 100 Thoughts»), muchos de ellos escritos por pensadores y autoras de relevancia internacional. Judith Butler escribe un ensayo sobre el concepto del amor en Hegel («To Sense What Is Living in the Other: Hegel’s Early Love»), una pequeña joya con potencial para convertirse en imprescindible dentro de la ya extensa producción de la autora. Destacar la presencia de otras pensadoras feministas, como Donna Haraway, quien ha formado parte del comité de expertos asesores y ha contribuido también con sus escritos, la historiadora del arte Griselda Pollock, Irina Aristarkhova, figura prominente dentro del llamado cyberfeminismo, la filósofa Karen Barad, Silvia Federici, o Vandana Shiva, cuyas investigaciones han aunado feminismos, ecología y teorías postcoloniales, además de su conocida labor como activista antiglobalización. Shiva presenta un interesante texto, titulado «The Corporate Control of Life». Algunos nombres más completan la relevante lista de voces feministas presentes en dOCUMENTA (13).

En la rueda de prensa inaugural, Christov-Bakargiev se definió a sí misma como feminista. Documenta legitima el feminismo, o el feminismo, con su carga crítica y política, contribuye a legitimar Documenta y su dis-placedness statement depende de cómo se mire. De todas formas, no deja de ser positivo que desde ciertas posiciones de poder, y es innegable que la directora ocupaba una, se utilice y se reivindique el término “feminismo”, palabra normalmente ninguneada o sustituida institucionalmente por eufemismos varios con mejor o peor fortuna.

Toda una declaración de intenciones que corre el riesgo de despolitizarse si llegara a devenir tendencia de corrección política en el contexto de un evento artístico que, dicen, mide el pulso de lo que está ocurriendo y de lo que ocurrirá en los próximos años en el arte contemporáneo. Somos conscientes de lo que suele traer consigo la institucionalización/fagocitación de ciertos discursos. Sin embargo, problemáticas a un lado, parece claro que esta Documenta dislocada y deslocalizada, no podía prescindir de los feminismos, precursores y promotores de esa renuncia a la universalidad que caracteriza a buena parte del pensamiento contemporáneo.

La incursión de los feminismos en el ámbito artístico tiene lugar, sobre todo, a partir de la década de los setenta en Estados Unidos. Los frentes abiertos serán varios, y sus implicaciones en el cuestionamiento de la historia del arte tradicional y de la producción artística contemporánea traerán consigo cambios que afectarán a las décadas posteriores. Esa renuncia a la universalidad se da también en el interior de los discursos y de las prácticas artísticas contemporáneas. Hablar de arte feminista hoy es referirse a un momento concreto de la historia (los años 70, especialmente en USA), donde se produjeron trabajos que utilizaban una serie de códigos artísticos operativos en aquel momento, a la vez que surgía y se asentaba una crítica feminista del arte. Posteriormente, el feminismo, como lenguaje, como ideología, como metodología de trabajo y como forma de estar en el mundo, continuó y continúa operando en el ámbito artístico, aunque, como es lógico, no siempre a través de las mismas formas ni con los mismos recursos utilizados en el pasado.

dOCUMENTA (13) hace suyos algunos de estos modos de operar. La presencia de mujeres en la lista de participantes es sin lugar a dudas superior a la de ediciones anteriores. Resaltar también una iniciativa de rescate de mujeres artistas olvidadas, de construcción de una especie de genealogía que comienza con la presencia en el Fridericianum de las Princesas Bactrianas, figurillas femeninas que datan del Segundo-Tercer Milenio a.C., en la zona de la actual Afganistán y países limítrofes. Un curioso guiño al arte antiguo que recupera las tesis de Marija Gimbutas, arqueóloga afín al feminismo, sobre la existencia de una iconografía común en torno a la figura de la Diosa durante la Prehistoria y parte de la Antigüedad. Los atuendos de las princesas, plagados de “uves” , “meandros” y “zig-zags”, remiten a las particularidades de esa iconografía, expuesta por Gimbutas en «El lenguaje de la Diosa».

También en el Fridericianum los tapices de la artista sueca-noruega Hannah Ryggen, fallecida en 1970, o las ilustraciones de Charlotte Solomon, extraídas de su trabajo «Leben? oder Theater?» (1941-42). Griselda Pollock escribe un texto sobre Salomon, artista alemana judía asesinada en Auschwitz cuando tenía tan solo 26 años. El análisis de Pollock se aparta de la recurrente recreación en la trágica biografía de la artista para realizar un exhaustivo adentramiento en su trabajo y resituarlo en el interior de la historia del arte y de una época concreta. Un cruce de variables en el que las pinturas y los textos de Solomon se mezclan con cuestiones raciales y de género, en el contexto de la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Pollock sitúa el acento en la cuestión de nombrar: en hacerse con un nombre que pueda ser siempre nombrado.

En la Neue Galerie, se exhiben también varios lienzos de la pintora canadiense cercana al postimpresionismo, Emily Carr. Pero además de estas muestras de creaciones póstumas, en dOCUMENTA (13) participan diversas artistas que a lo largo de sus trayectorias, y seguramente a partir de posicionamientos distintos, han trabajado desde perspectivas feministas, como Anna Maria Maiolino, Susan Hiller, Judith Barry, Ida Appleborg, Sanja Ivekovic o Tejal Shah, por citar algunas.

(El término «dis-placedness», que aparece en el título de este artículo, ha sido introducido por Carolyn Christov-Bakargiev en su ensayo «The dance was very frenetic, lively, rattling, clanging, rolling, contorted, and lasted for a long time»)

Maite Garbayo es escritora e investigadora. La historia del arte, la teoría crítica feminista o el psicoanálisis son algunas de sus herramientas de trabajo. Compagina la investigación y la escritura con periodos de docencia. Actualmente realiza su tesis doctoral y es editora de la revista {Pipa}.

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