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Magazine

13 mayo 2019
Fracaso de texto

Ricardo Duque

VISTA ORAL: Siguiendo nuestra trayectoria de proyectos inútiles, nos han encargado una línea editorial para A*DESK y hemos escogido como tema el FRACASO. Tal vez por pura clínica, tal vez por esa resistencia a aceptar determinadas lógicas que parecen imponerse desde el contexto en el que nos movemos.

Paradójicamente hemos pensado en ti, al igual que lo hicimos con el encargo para la publicación CAGADAS,[1] por ese posicionamiento que suponen los proyectos autogestionados a no rendirse, esa perseverancia que no responde a lógicas neoliberales, que son las que sostienen las dicotomías éxito/fracaso. Pero vamos, que tú puedes plantearlo como te venga en gana.

RICARDO DUQUE: Queridas, la verdad es que molaría que pudiéramos hacer de esto una entrevista, buscar temas más específicos y a modo de preguntas, para que de ahí podamos hilar juntas una entrevista/texto interesante. El tema del fracaso se puede tratar desde muchas perspectivas. En el fracaso siempre está implícito el intento, y esto es el proceso, a veces los procesos son todo, y los resultados al final son cierres de ciclos. Yo en la mayoría de proyectos de este tipo en los que me he metido  —¡sigo metido!—, creo que se trata más bien de resiliencia.

Por otro lado está el espectáculo del fracaso. Yo soy un fan de esa rama de los memes que giran alrededor del fracaso, el clásico epic fail.

También me interesa pensar si se debe considerar o no fracaso algo que simplemente no se dirige en su camino al éxito, es decir, que el fin no es lo que convencionalmente se conoce como triunfar, y tal vez es sólo así como se pueden abrir nuevos caminos, formas de hacer y nuevas preguntas.

No sé muy bien por dónde queréis llevar esto, pero a ver si alguna de estas vías os abre ideas por dónde tirar. No sé si queréis que hablemos de proyectos específicos y maneras de hacer en las que estoy involucrado o queréis que hablemos sobre estas cosas más en general, como si estuviéramos de cañas en un bar.

VO: Ric, ¿qué te parece que esto sea más una conversación que una entrevista? El formato entrevista no lo manejamos nada bien, creemos que hilando las ideas que a ti te vayan surgiendo con lo que nosotras pensemos puede funcionar, ¿qué opinas?

RD: Sí, me parece perfecto. ¿Cómo empezamos? ¿Os gusta alguna de las ideas de arriba para comenzar?

VO: Cuando nosotras pensamos en el fracaso, o lo inútil, nos interesa el malogro en sí, la disfunción y el desastre, no como traspiés en un proceso de aprendizaje, sino como un fin en sí mismo, como una postura política que defiende la ausencia de éxito, como espacio de resistencia en el que suceden otras cosas. Creemos que eres alguien que no solo transita esos espacios de resistencia sino que es capaz de generarlos y continuarlos con inusitada resiliencia, con un entusiasmo que a través de la autogestión, la reivindica como un espacio real de autonomía y que va mucho más allá de los límites del pragmatismo de las lógicas capitalistas.

No habíamos pensado en lo del espectáculo del fracaso, pero es cierto que hay cierta estética del loser, compartición telemática de esos epic fails. Si quieres tirar de ese hilo, por nosotras estupendo. En realidad nos apetece que hables de lo que quieras,no hay un fin concreto.

RD: La verdad es que este texto, en parte, contiene una de las más efectivas recetas para el fracaso: mostrar los procesos y las tripas de la deriva, intentar hacerlo de manera colectiva y diluir la responsabilidad, ese virus de todo lo colectivo. En parte, al leer lo que hemos escrito antes a modo de búsqueda y vuestra decisión de hacer público y transparente el proceso, tengo la sensación de que esto es ya en sí un texto interesante sobre el fracaso. ¿Qué son esos epic fails sino trapos sucios que algún «colega» decide hacer públicos? Mostrar las tripas de la creación de esto que estamos haciendo a distancia, sin rumbo fijo, como una conversación de borrachos en un bar en streaming.

Pero el éxito ese, que se levanta orgulloso al otro lado de la dicotomía, enfrentado al fracaso, ¿qué es? Porque las redes sociales, la publicidad, las películas y todo el ruido visual al que estamos sometidos, están llenos de emulaciones y pantomimas de algo que parece estar considerado como éxito, pero a mí sinceramente ni me seduce, ni me atrae, más bien lo contrario. Desde mi experiencia personal, creo que si el mundo está desbocado en una corriente regida por las normas neoliberales, lo mejor y más satisfactorio es hacerse a un lado, y quedarse en uno de esos remansos que se hacen entre las rocas a la orilla del río. Eso sí, esas rocas hay que construirlas, y desde allí se puede ver el espectáculo frenético desde otra perspectiva. ¿Desde el fracaso? Puede ser, pero si el premio es entrar en la corriente y ganar esa carrera, prefiero quedarme en estos microhábitats que hemos construído (junto a mucha gente, siempre) y disfrutar de lo que realmente me mueve a dedicar mi «ancho de banda mental».

Dinou, publicación distribuida durante la manifestación del 19 de junio de 2011 en Barcelona. Una publicación espontánea que recogía frases, ideas y conversaciones recogidas durante los primeros meses de los movimientos de la plaza Catalunya (15M).

VO: De alguna manera, generar estas dicotomías es hablar desde una bipolaridad que disuelve las multiplicidades y que, como tú bien comentas, las aíslan de lo colectivo. Y parece que en esa individualidad no hay un contexto o unas condiciones que favorezcan o dificulten el éxito o el fracaso, como si todo aconteciera desde nuestras decisiones individuales y estas no estuvieran atravesadas por la clase social, el género, la raza… y una multitud de variantes que, en combinación, añaden más o menos violencias.

Hablar del fracaso es también poner en cuestión quién da el valor y desde qué lugar. Aun así, en ocasiones, es complicado tener la capacidad de hacerse a un lado para no sentirse arrolladas por un sistema de compensaciones a los “buenos haceres”, y más cuando esas compensaciones son, en muchos casos, económicas y determinan nuestros modos de vida en un sistema capitalista. Pero está claro que la manera en que nos sostenemos en contradicciones que nos resultan inevitables es a través de esos microhábitats o micromundos desde los que parece posible generar, o al menos interrumpir, ciertas temporalidades.

RD: En efecto, la vida de nosotros los fracasados, exige una buena dosis de ingenio. Si nuestras convicciones e intereses más íntimos (yo les digo «motores») son irrenunciables, y tenemos que convivir en la carrera liberal del sistema, estamos constantemente haciendo modificaciones, creando nichos que nos permitan entrar y salir de la pista.

Pieza impresa —a modo de «manifiesto express»— con tipografías de plomo en L’Automàtica en 2012.

El éxito y el fracaso son finalmente fruto de un juicio, como decís, y es difícil que el ser juzgados no nos afecte de alguna manera, pero yo lo veo como una oportunidad de mirar desde otra perspectiva de forma consciente: pareciera que nos vemos obligados a entrar en una carrera en la que no queremos competir para poder tirar lo recogido en esos «motores» del fracaso, pero yo creo que si esos nichos o microhábitats se construyen y se refuerzan a través de la reflexión, son justamente espacios de distensión y libertad, que permiten entrar en la carrera con fuerza, sacar lo necesario y volver. Es decir, me gusta la idea de contemplar la infame carrera desde la mirada del hacker. El fracaso bien llevado no es otra cosa que un buen hack del sistema.

VO: Nos gusta eso del hack del sistema, que es al mismo tiempo un hack de nuestro propio juicio, como si el fracaso fuese una elección, como si no actuase a modo de una especie de imperativo categórico, una especie de disciplina autoimpuesta voluntariamente contra la cual hemos de aprender a laurear nuestros fracasos, a cantar victoria a la decepción, a conquistar la frustración, a, en definitiva, habitar la contradicción sin miedo, ni esperanza.

[1]Cagadas es una publicación de Vista Oral editada por Los cinco delfines que verá a la luz durante el 2019.

 

Soy licenciado en Bellas Artes por la Universitat de Barcelona. Tras trabajar durante cuatro años en el grupo de experimentación sonora La Orquestra del Caos y gestionar su archivo Sonoscop en el Centre de Cultura Contemporània, empiezo a trabajar como diseñador gráfico. Mientras, en paralelo, soy miembro activo del colectivo Joystick (2001-2007). En 2007 formamos el estudio de diseño Todojunto junto a Tiago Pina y Andrea Gómez. Ese mismo año fundamos La Fanzinoteca junto a Lluc Mayol y Matías Rossi. En 2011, junto a un colectivo de artistas, diseñadores, poetas e ilustradores, iniciamos la asociación cultural de experimentación en artes gráficas L'Automàtica y la publicación «irregular» Dinou.
todojunto.net lautomatica.org fanzinoteca.net dinou.net jstk.org

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