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Magazine

24 abril 2009
La ocasión la pintan calva

Aimar Arriola

El Espai 2 de la Sala Muncunill de Terrassa presenta la segunda entrega de su nuevo ciclo de exposiciones con comisariado, la propuesta “Las panzas de Pankejeff” de los artistas Leandro Cardoso y Antonio Gagliano. El proyecto especula sobre las relaciones entre las personas y las cosas, a través de un conjunto de acciones relacionadas.


El Ayuntamiento de Terrassa ha puesto en marcha recientemente un ciclo de comisariado anual con el fin de dotar de contenidos al Espai 2 de la Sala Muncunill, un minúsculo reciento anexado a la principal sala de exposiciones municipal. Bajo el título genérico de “Kairós, momentos de claridad”, los comisarios Ane Agirre y Juan Canela han diseñado una programación de exposiciones, un tanto vertiginosa, compuesta por once muestras en total (casi una al mes). El ciclo, que arrancó en marzo con el colectivo Airvoland, toma el concepto griego de kairós como eje vertebrador e incluirá nuevas producciones de artistas como Aníbal Parada, Fermín Jiménez Landa, Mireia C. Saladrigues o Fran Meana. Desde el 18 de abril y hasta el 17 de mayo se presenta la segunda entrega del ciclo: la muestra “Las panzas de Pankejeff” de los artistas Leandro Cardoso (Sao Paulo, Brasil, 1975) y Antonio Gagliano (Córdoba, Argentina, 1982).

El punto de partida de la investigación conjunta de Cardoso y Gagliano ha sido su voluntad por superar anquilosados debates sobre la saturación objetual del mundo, que en términos de producción estética, se traduciría en ciertos discursos en torno a la fetichización y mercantilización de la obra de arte. Más que proponer rescatar al “objeto artístico” de las garras del desprestigio, los artistas buscan reevaluar nuestra relación con el entorno material y forzarnos a una mirada más compleja sobre las dinámicas sujeto/objeto. En paralelo, también han considerado el leit motiv del ciclo, la noción griega de kairós, y frente a esta, la dimensión productiva del tiempo, su gestión y su organización. De algún modo la exposición deja entrever una irónica oposición (o al menos desidentificación) a la lectura un tanto “wikipedika” de la noción de kairós que entraña el ciclo, que establece un (algo simplista) antagonismo entre un tiempo asociado a lo cuantitativo (chronos) y otro vinculado a lo cualitativo, a cierta potencialidad de la experiencia (kairós).

Aunque no todas las referencias utilizadas en la génesis del proyecto han acabado aflorando a la superficie, el trabajo de Cardoso y Gagliano ha transcurrido a partir de la articulación conjunta de varios casos paradigmáticos de ‘objetualización de ideas’; de ciertos sistemas para poder pensar los objetos, los sujetos y sus relaciones, de forma que nos permitan superar nuestra inscripción continuada en el tiempo presente. Por un lado, los “Passtück” del artista austriaco Franz West (1947), aquellas pequeñas esculturas a modo de prótesis que encarnaban la neurosis de cada individuo que las portaba; por otro, el conocido paciente licántropo de Freud, Serguéi Pankejeff, emblema de su técnica de cura a través de la palabra. Ambos ejemplos, por un lado, la objetualización de la neurosis, y por otro, la cosificación de una patología a través del verbo –transformando el trastorno en objeto– plantean la urgente necesidad de activar una mirada mucho más compleja sobre nuestra relación con los objetos, y viceversa. A partir de aquí, la narrativa historico-fictica generada por los artistas se ha formalizado en una visita guiada al Mercat dels Encants (que se celebró el 15 de abril), una charla con objetos el día de la inauguración, y una exposición en la sala.

Pese a la insistencia en el objeto como posible medida del mundo que se desprende de la propuesta, que nadie se espere encontrar en la exposición una acumulación ingente de cacharros. La muestra se articula principalmente entorno a un grupo de dibujos-esquema, ideados conjuntamente por Cardoso y Gagliano: en uno, indexan y conjugan una multiplicidad de formas de regulación y sistematización de objetos –el archivo, la colección, el gabinete de curiosidades, el materialismo, el psicoanálisis, la etnografía, etc.–; en otro, despliegan una (otra) posible gramática del “momento oportuno” –a través de figuras como el orgasmo, el estallido, o la fe–. Además de recurrir a estrategias anagramáticas de visualización de ideas y organización de la información, como estos dibujos, el espacio también incluye una estantería/escultura con diversos objetos utilizados por Cardoso en su charla pública de la inauguración, acompañdo del registro en vídeo de la misma. En ella, el artista especuló sobre las implicaciones de relacionar el tiempo kairós con el de la experiencia estética (promesa vs. potencial) –que la singularizaría y la aproximaría a la noción de “evento”– y sobre un tiempo pasado en el que nuestra relación con los objetos nos dotaba de otra potencialidad, otra capacidad de “imaginar mundos”.

Trasteando sobre la noción de kairós en, precisamente, la Wikipedia, me topé con el refrán que da título a esta reseña. La frase me interesa tanto porque alude a cuestiones de representación como a retóricas vinculadas al momento oportuno y las ansiedades respecto a su falta, incluídas en la exposición. Poco importa ya, creo, que la ocasión se pinte calva. Lo que cuenta es que tengamos voluntad de decidir si queremos seguir esperándola, o si por el contrario, sería preferible salir en su búsqueda.

Aimar Arriola
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