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Magazine

octubre
Las mil caras de la impostura

Marla Jacarilla

El diccionario de la Real Academia de la Lengua da dos definiciones distintas a la palabra impostura. La primera es la de imputación falsa y maliciosa. La segunda es la de fingimiento o engaño con apariencia de verdad. Si buscamos dicha palabra en Google, el buscador nos dice que hay aproximadamente 1.470.000 resultados. A lo largo de la historia, y más específicamente la historia del arte de los dos últimos siglos, dicho concepto ha provocado reacciones viscerales diametralmente opuestas. Mientras algunos declaran que, ante la imposibilidad humana de evitar el fingimiento lo mejor es asumirlo e integrarlo en nuestras vidas, otros en cambio se rasgan las vestiduras en defensa de una supuesta y sacrosanta verdad.

En septiembre de 1976, Joaquín Soler Serrano entrevistó en el programa de televisión “A fondo” al famoso falsificador de arte Elmyr de Hory, hombre del que muy poco se sabe pero sobre el que mucho se ha especulado. Supuestamente, Hory era capaz de imitar a la perfección numerosos estilos: Picasso, Modigliani, Gauguin, Matisse… Pero no se limitaba a realizar burdas copias de cuadros ya existentes, no, sino que se apropiaba de los rasgos de estilo característicos de cada pintor para crear con ellos sus propias obras. O al menos… o al menos eso es lo que aseguran algunas teorías. Otras, sin embargo, como la del que fue su abogado, Rafael Perera, sostienen que Hory en realidad no sabía pintar y que en su casa nunca hubo un estudio de pintura. Que todo aquello no era más que un engaño. En la entrevista realizada por Soler Serrano, un sonriente y jovial Elmyr marca por completo el rumbo de la conversación y cambia de tema con habilidad cuando las preguntas del entrevistador le ponen en un aprieto. Matiza constantemente las mentiras (¿o acaso verdades?) que de él se cuentan en las numerosas biografías y artículos (oficiales, apócrifas, autorizadas y no autorizadas) y cita, cómo no, a Oscar Wilde: “Que hablen de mí, aunque sea bien”. Todo lo que cuenta puede ser mentira, todo lo que cuenta puede ser verdad. Tres meses después de aquella entrevista, Hory se suicidaría con una sobredosis de barbitúricos en su casa de Ibiza, desesperado ante su inminente extradición a Francia, donde estaba acusado de falsificación y otros delitos. O al menos, esa es la versión oficial. Porque la de Clifford Irving, uno de sus biógrafos, es que Elmyr llevó la impostura hasta las últimas consecuencias y fingió su suicidio para, posteriormente, huir a Australia. ¿Fue su vida un escándalo o, como él mismo afirmaba, el verdadero escándalo es el propio mercado del arte? Aunque no lo parezca, historias como la de Elmyr hay muchas­, y formas de entender la impostura todavía más. Tal vez, al fin y al cabo, lo mejor sea entenderla como una manera de apropiarse de los lugares, como dice Juan Echenoz a Enrique Vila-Matas. O tal vez, el artista y el impostor sean los que nos descubren que la realidad es un mero trampantojo. O a lo mejor, la impostura es el mejor terreno para sacudir la inercia académica de las identidades prefijadas. Incluso podría ser que estuviese presente en todas partes, incluso cuando no somos conscientes de ello. Todas estas son teorías que desarrollarán este mes en sus artículos los distintos colaboradores. Haciendo uso de diversos géneros literarios (desde los textos más narrativos a los más ensayísticos o incluso autobiográficos), David Santaeulària, Anna María Iglesia, Nicolás Koralsky, Víctor Balcells y Gisela Chillida realizan un amplio recorrido por la historia, aplicaciones, usos y abusos de la impostura en la sociedad contemporánea.

Después de leerlos tan solo nos faltará invocar al espíritu de Gaspar Winckler, protagonista de El condotiero[1] que, hastiado de su actividad de falsificador de arte y atormentado ante la imposibilidad de realizar una copia perfecta de El condotiero de Antonello da Messina, asesina brutalmente a Anatole Madera, quien le había encargado dicha falsificación. Invocarlo con la única finalidad de decirle que, tal vez, no merecía la pena atormentarse tanto. Porque, como dice Agustín Fernández Mallo, “lo que hace valiosa la copia es aquello en lo que difiere del original y al mismo tiempo es igual que éste”[2].

[1]PEREC, Georges, El condotiero, Barcelona, Anagrama, 2013

[2]FERNÁNDEZ MALLO, Agustín, Teoría general de la basura, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, p-60.

Tema del Mes


A Marla Jacarilla le resulta difícil definirse, aunque lo intenta de modo obstinado desde que hace algunos años le explicaron que sería bueno que tuviese un statement. Hace arte (o al menos lo intenta), escribe sobre cine y reflexiona de vez en cuando sobre cosas que suelen pasar desapercibidas. En cierto modo, todo esto se sitúa a un mismo nivel: la obsesión por esas letras que forman palabras, que forman frases, que forman párrafos, que forman capítulos que nos cuentan historias.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)