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Magazine

12 julio 2021
Tema del Mes: Brecha-culo-fronteraEditor/a Residente: Helena Grande
Palimpsesto*

La historia se sedimenta en cuerpos y ciudades como palimpsestos. Pergaminos, páginas o losas son usados una y otra vez, capas de escrituras anteriores son desechadas y un nuevo texto se superpone. El pasado rara vez se queda donde creemos que pertenece, los palimpsestos se reutilizan y se alteran, pero siempre conservan rastros de vidas anteriores. La historia es un proceso continuo, que se repite así mismo una y otra vez desordenando pasado, presente y futuro. El pasado no está cerrado en una caja fuerte y aunque lo estuviera, incluso las puertas cerradas con llave no pueden permanecer atrancadas  para siempre, sino que, como los cuerpos, con el tiempo decaerán, se transformarán, se derrumbarán.

CALLE LA RONDA, QUITO

Sabía que iba a llover en algún momento porque llovía todas las tardes. «Lluvia», repetía en mi cabeza, intentando forzar mi cerebro a pensar en español y recordar la diferencia entre lluvia y llorar. Él llevaba un suéter blanco de punto, para él siempre era tiempo de suéteres, y en mitad de este pensamiento me dijo… «Pero, no estamos tristes»,  luego tomó un sorbo de su canelazo, levantó los brazos y los agitó en un gesto de celebración. Como acto reflejo mi cuerpo se tensó y mi cerebro se quedó en blanco. No podía recordar si estaba o no triste.

Estábamos sentados en un modesto restaurante en la calle La Ronda, el único que estaba abierto. Había querido enseñarme un museo que representaba la historia de Quito con figuras de cera, pero era domingo y los museos, como casi todo lo demás, estaban cerrados. En la parte delantera del restaurante, la carne se cocinaba en una parrilla abierta y un humilde cartel anunciaba canelazos a 0,75 dólares, un brebaje caliente de aguardiente, zumo de frutas y especias. Desde donde estábamos sentados, miré hacia arriba, hacia el Mercado San Roque, un gran mercado de alimentos al por mayor y al por menor. Mi tesis de master versaba sobre los diversos cambios de valores que tienen lugar en el mercado, un proyecto que esperaba que demostrara que las esferas urbana y rural en realidad no eran tan distintas, sino que se mezclaban y superponían la una a la otra. Sin embargo, la inmersión en el trabajo de campo había empezado a romper fronteras mucho más personales que las abstractas de lo urbano o lo rural. Me resultaba difícil determinar si mi cuerpo y mi mente se movían por el pasado o el presente, la realidad o la fantasía.

 

En lugar de trabajar en mi tesis, estaba pidiendo canelazos de naranjilla con el chico del suéter. A través de mi perfil de Grindr había hecho un llamamiento a los artistas, a los punks, a la gente rota, a la gente triste. Esto a él le encantó. Aunque no estaba triste,era un bailarín lleno de energía y bondad. Se burlaba de mi español pero era paciente y le gustaba guiñarme el ojo mientras yo intentaba mascullar palabras y me hacía líos con los tiempos verbales. Nuestros ratos juntos eran una amalgama, un espacio físico y mental que fluía entre puntos de encuentro y confusiones entre el inglés y el español, Norteamérica y Sudamérica.

 

PARQUE ITCHIMBÍA, QUITO

No podía recordar si estaba triste o no . Estábamos sentados en un parque en lo alto de una colina con vistas al centro de la ciudad. El Centro Histórico contenía muchos mundos, había hostales, hoteles de lujo, amplios apartamentos para la clase media emergente y pisos subdivididos donde dos o tres obreros inmigrantes compartían una habitación con un solo baño por piso. Había cafés con paredes de madera y mesas de mármol que servían café expreso y restaurantes con paredes de madera y papel pintado que servían comida típica y sólo tenían café instantáneo. Turistas gringos, turistas latinos, mestizos ecuatorianos y migrantes indígenas se movían por las mismas calles.Las escalas, las velocidades y los propósitos de sus vidas se mezclaban y contradecían. Estos mundos que parecen tan separados, colapsan violentamente unos sobre otros, creando un un embrollo caótico de historias indígenas, coloniales y neoliberales.

Con mi cabeza apoyada en su regazo, le hacía preguntas banales: «¿Y qué es eso?» señalando de un lugar a otro. Me contó la historia de un fantasma colonial, uno de tantos, que se había entretejido en el paisaje urbano

Dicen que una madre fantasma vaga por el barrio del Centro Histórico de Quito, lamentándose por sus hijos perdidos. A la Llorona la violaron y la dejaron embarazada cuando trabajaba como criada. Creyendo que era fruto de un pecado, ahogó a su recién nacido y ahora su fantasma recorre las calles para castigar a los adolescentes que practican el amor prohibido.

 

NUEVA YORK

El primer chico que me violó está ahora en un programa de televisión. Tiene su propia página en IMDB. Si te soy sincero, estaba mirándola y también vi un tráiler de una película en la que salía sobre neoyorquinos no monógamos. Tenía buena pinta.

Ya casi no recuerdo la experiencia. He pasado tanto tiempo procesando y llorando e ignorando y haciendo flashbacks,soñando y fantaseando y follando,  que lo que realmente ocurrió y las capas que he ido añadiendo se han entremezclado. Nunca lloro por lo que paso, excepto muy raramente cuando estoy borracho. Tampoco follo por despecho  – aunque resultó ser una práctica útil y curativa –  pero todavía tengo la fantasía de la violación, el deseo de que venga otra persona y viole al violador fuera de mi.

A menudo no puedo recordar cuándo sentirme alegre o deprimido, a menudo no sé si estoy triste. El pasado, el presente, la realidad, la fantasía, el dolor y el éxtasis se han enrevesado, desordenado y vuelto inseparables.

 

CENTRO HISTÓRICO, QUITO

El Centro Histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978. En la página web de la UNESCO se lee: «Quito, la capital de Ecuador, fue fundada en el siglo XVI sobre las ruinas de una ciudad inca.» Las ruinas de una ciudad inca. El violento y explotador proceso de colonización que arruinó la ciudad está convenientemente ausente, dejado fuera del patrimonio cultural oficial mientras que, paradójicamente, es absolutamente necesario para él. Los incas y los pueblos indígenas que los precedieron desaparecen tras la historia arquitectónica y en esta historia los edificios de  la ciudad están aparentemente   despojados de sus habitantes.

 

Al este del Centro Histórico el barrio de La Libertad asciende por el valle hacia las laderas andinas. Casas en rosa pálido, amarillo y azul se alinean en la carretera de curva cerrada y a medida que sube la línea topográfica se hacen más delgadas. En uno de los puntos altos del barrio, Cima de la Libertad, está el Museo Tempo de la Patria, un museo que conmemora una de las batallas por la independencia de la Corona Española. Sobre el edificio del museo hay un enorme mural que representa dos manos de color liberándose de sus cadenas. En el fondo en colores llamativos aparecen dos hombres indígenas armados y dos hombre mestizos con pluma y papel. El hecho de que la mayoría de los indígenas que trabajaban en la hacienda del sistema feudal no supieran que se estaba formando el estado independiente de Ecuador y que los indígenas que lucharon por esa “independencia” fueron coaccionados y manipulados parece poco relevante.

Así es como funciona el palimpsesto de la historia, tanto material como socialmente, el pasado rara vez se borra por completo, sólo se distorsiona y luegose glorifica o se ignora. El pasado, el presente, la realidad, la fantasía, el dolor y la liberación  colapsan en dos dimensiones, estilizadas para ser  vívidas y agradables..

 

CALLE LA RONDA, QUITO

No podía recordar si estaba triste o no. El chico del suéter intentaba recordar la palabra salchicha en inglés. Cuando no podía recordar una palabra en inglés o en español, entrecerraba ligeramente los ojos y daba ligeros golpecitos con la punta de la lengua. Si me acordaba antes que él, se lamía la punta del dedo cautelosamente y la llevaba hasta mi frente seguido de un sonido de chisporroteo «ttssss.» Al final acabó buscando salchicha en su teléfono e intentó pronunciarla palabra inglesa. Mientras intentaba decir la palabra en inglés, ladeé la cabeza e e hice mi propio gesto de rostro pensativos con ojos suavemente entrecerrados. La volvió a decir… «Sausage!» dije bruscamente de la emoción de reconocer la palabra. «Ttssss», siseó sutilmente y sonó como la lluvia.

Cuando el cielo llora aquí, a veces es  de forma ligera y refrescante pero otras veces caen grandes chaparrones, aguaceros, que saturan incluso los gruesos muros de piedra de las iglesias coloniales. En cualquier caso, las lágrimas suelen ser efímeras, efluvios de una hora,a la vez emotivos y estoicamente geoquímicos.

EN EL INTERIOR

No sé dónde estoy. Me ahogo con la historia. Sigo intentando respirar el oxígeno y simplicidad limpia pero mis pulmones están llenos de humedad, contaminación y complicaciones. Cuando el cielo llueve proyecto mi propio deseo de que limpie la tierra. En cambio, parece ablandar el suelo, permitiendo que el dolor se instale más profundamente.

 

CALLE LA RONDA, QUITO

La canción de reguetón que nos había hecho poner los ojos en blanco a los dos cuando empezó a sonar, acabó  cambiando bruscamente en una especie de balada más lenta. «Es bueno que estemos tomando», dijo señalando el altavoz. «¿Por qué?» No lo entendí. «Cuando estás triste y quieres tomar mucho escuchas esta música», dijo con un guiño y luego añadió rápidamente: «pero no estamos triste.» Tomó un sorbo de su canelazo, levantó los brazos y los agito en un gesto de celebración. Como acto reflejo, mi cuerpo se tensó y mi cerebro se quedó en blanco. No recordaba si estaba triste o no. Tomé un trago de canelazo caliente, mis papilas gustativas se deleitaron con la naranjilla y el clavo. «No, no estamos tristes», asentí y me incliné sobre la mesa para distraerme con sus labios.

 

 

*Este texto fue originariamente escrito en 2015, mientras estaba en Ecuador, y una versión más extensa fue previamente publicada en Hand Job Zine, volumen 2: Tears.

Tait Mandler es un escritor, investigador y diseñador que explora la urbanización como proceso de implosión de cuerpos y ciudades, economías y ecologías. Su investigación actual rastrea la movilización y la transformación del sistema sensorial a través de las historias desplegadas y las geografías cambiantes de la producción, circulación y consumo de alimentos y bebidas en Ámsterdam. Eclécticos e interdisciplinarios, sus investigaciones y escritos anteriores han examinado los regímenes internacionales de conservación del oso polar, los placeres y la productividad del consumo de drogas por parte de los trabajadores de la vida nocturna queer en Brooklyn, y la circulación de las patatas y el valor a través de un mercado en Ecuador.

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