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Magazine

10 diciembre 2018
Sobre el Estatuto del Artista, el compromiso vital y el amor como trampa

Alba Mayol Curci

El debate sobre la aprobación e implementación del Estatuto del Artista en el Estado español nos plantea varias cuestiones básicas sobre el papel del trabajador del arte en el marco de la sociedad. El mismo proceso de elaboración y necesidad, de dificultades y choques en el transcurso de los años hasta llegar a su actual estado de evaluación en el Congreso de los Diputados es un indicador de cómo la co-habitación del artista con el resto de grupos de trabajadores se vuelve, especialmente en estas latitudes, algo divergente, una rara avis cargada de notas al pie.

Junto a Mar Arza, dos mujeres artistas blancas europeas planteamos este diálogo como un intercambio de puntos de vista y también de incógnitas. No se trata de cantar las alabanzas de una iniciativa sino de subrayar las fricciones, y también tal vez de situar un panorama general del artista en tiempos de crisis, aunque no sabemos si el artista conoce otro tipo de tiempos.

Alba: Hemos estado releyendo una serie de documentos: el Documento Marco del Estatuto del Artista, el Autor/Creador y el trabajador de la Cultura, el Informe de la Subcomisión para la elaboración de un Estatuto del Artista, y el Documento de trabajo del Estatuto del Artista Visualde la Unión de Artistas Contemporáneos de España. ¿Tú crees que esto va a llegar a hacerse efectivo?. Si es así, creo que va a mejorar la vida de un porcentaje muy bajo de trabajadoras, y el problema donde está todo el tema más estructural, económico y en el fondo cultural de nuestro contexto, que es en gran parte cómo se desincentiva la iniciativa individual con la actual regulación de los autónomos. Plantearía un poco de auto-crítica. Cuando subrayamos nuestra excepcionalidad como trabajadoras de la cultura o artistas, me gustaría poner como contra-ejemplo un colectivo como No+Precariedad, donde están médicos, taxistas, kellys y muchas otras, sin filtro específico, que tienen tan interiorizado lo que es la precariedad, y nosotros, que supuestamente somos el precariado de la vanguardia, no sé si deberíamos estar con ellos y no en nuestro limbo particular.

Mar: Creo que en nuestro caso hay un trabajo previo de preparación, definición y producción que no se ve reflejado en ninguna parte, ni es valorado, ni se contabiliza como trabajo. Es precisamente esta parte sumergida la que sostiene el resto. La excepcionalidad vive sólo de la parte visible que es la exposición y relevancia pública.

A: El trabajo anterior sería la investigación.

M: En lo que se refiere a artistas visuales corresponde a las horas de lectura, búsqueda, gestión, el tiempo que pasas en el taller u otro espacio de trabajo o en relación con otros, para poder identificar el resquicio, desarrollarlo y compartirlo.

A: Claro, yo no puedo emitir factura de esto, no es cuantificable.

M: En otros casos, la relación laboral y el horario es más nítido. En nuestro caso queda en la indefinición porque sólo se cuantifica si hay repercusión económica. Esto, de alguna manera, tendría que aflorar, porque si no, ¿cómo justificamos los silencios, la intermitencia?. El otro día en una reunión del CoNCA se justificaba que los artistas no tenían problemas de contratación como los músicos. Se dice en base a que los artistas establecen relaciones mercantiles emitiendo facturas por venta u honorarios. Si trabajas de continuo para un proyecto específico para un centro de arte, para una exposición en una galería, para una retrospectiva en un museo, no se engloba dentro de la contratación, porque se supone es profesión liberal y es un encargo. Si el objetivo es la venta, puede tener repercusión económica, o no. Así que todo el trabajo o gran parte de él puede quedar en nada. Si el objetivo es la comunicación pública, se ha aceptado el pago de honorarios, igualmente a efectos de facturación es relación mercantil. Desde que la institución te encarga un proyecto hasta que tú cierras la exposición con el desmontaje, todo este tiempo ¿es relación laboral? Durante este periodo has estado pendiente no solo de gestar el proyecto sino de todas las demandas alrededor de éste. En la iniciativa del Estatuto del Artista no se propone que esto conste sino que haya mecanismos compensatorios: por ejemplo, que puedas percibir más días de paro por cese de actividad, cotizando como autónomo. Estos mecanismos siguen premiando a los que ya trabajan pero no sé si ayudan a compensar otro tipo de trabajos menos visibles. Es el caso de proyectos a largo plazo que no encuentran lugar de difusión o repercusión directa. ¿Cómo sería desmontar la situación actual entonces?

A: Por ejemplo, el acuerdo entre la Asociación de Artistas de Suecia y el Estado en relación a la regulación de honorarios. ¿Cómo se rompen las cosas que aparecen como intangibles? Materializándolas, ¿cómo? Con el dinero, con las prestaciones sociales. ¿Ese reconocimiento se plasma con el dinero? Hay muchas maneras de cuantificar. Todo lo regulado puede ser discriminatorio, pero la pregunta es: ¿nos sirve? ¿queremos? Yo vuelvo a lo de la flexibilidad del precariado. Hemos desregulado mucho y ¿a qué nos ha llevado? Incluso puedo ser empresario solo teniendo un coche o una casa, puedo ser un Uber, un Airbnb. Hemos desregulado todo y hemos llegado al inminente desmantelamiento del estado del bienestar. Siento que los artistas nos hemos quedado en un reducto donde todavía pensamos en posibilidades, emancipación, pensamos desde un privilegio discursivo en el que nos mantenemos al margen de una realidad material aterradora a nivel de ecología, y esto se rompe cuando entramos a nivel mínimo en este tipo de iniciativas como el Estatuto del Artista.

M: Tal vez esa es nuestra especificidad, que no hemos conseguido que nos contraten para una exposición. Hemos conseguidos honorarios y no en todas partes. ¿Te imaginas lo que sería que nos contrataran de forma generalizada? Así que, el tiempo previo, así como el tiempo de montaje y mantenimiento estuviera cotizado y cubierto. Y si durante el montaje de una exposición me subo a un andamio, o me lastimo, haya todas aquellas condiciones de protección que tiene otro trabajador por cuenta ajena como reconocimiento de enfermedades laborales o bajas. En la iniciativa del Estatuto hay medidas concretas en otras direcciones, por ejemplo: las rentas por derechos de autor, que son ahora incompatibles con una pensión de jubilación. En vez de calificarlas de rentas por derechos de autor, si se cambian a rendimientos derivados de la propiedad intelectual, entonces automáticamente se hacen compatibles. Si es tan sencillo como esto ¿por qué no se ha hecho? En el fondo habla de la sociedad en la que estamos pues penaliza las rentas de trabajo y exime los rendimientos del capital, así que hay que equipararlos. En el ámbito de lo sindical, es alarmante. Expone: Modificación del artículo 3 de la ley orgánica de libertad sindical que impide a trabajadores por cuenta propia fundar sindicatos que tengan por objeto la tutela de sus intereses singulares. Estamos hablando del derecho a la libre sindicación que se supone está reconocido. Otro cambio propuesto: supresión del límite de antigüedad de 6 meses dentro de la empresa. ¿A los artistas quién los contrata? ¿Para sindicarnos tenemos que estar contratados?

A: Se está proponiendo una definición unitaria de artista incluyendo personal de sala, técnicos, etc., precisamente porque eso te permitiría tener representación sindical, una redefinición de qué es ser artista, justo en el punto 1.1. del Documento Marco.

M: En el documento específico de la UNION se propone una definición más detallada: abordar la categoría de artista con criterios jurídicos. Ahí está lo interesante. Que por ley haya una definición de artista para que tú puedas acogerte a ella. Jurídicamente ¿cuándo eres artista? Ahora no hay definición jurídica, solo hay criterios, que se han establecido en: ingresos, reconocimiento, calidad de la obra, reputación, pertenencia a asociaciones, auto-reconocimiento, formación, conceptualmente el artista también se define por su indefinición. La misma voluntad del arte de apertura y salir del encasillamiento, está reñido con la realidad en la que tienes que ajustarte a una definición de artista,

A: Claro, pero ¿no era este abrir, este no encasillarse, precisamente el núcleo del arte? Pero nos hemos cansado de esto, el artista romántico que vive una vida de mierda en el underground, la gloria póstuma y todo eso.

M: Entonces integrarse en esta normativa ¿qué significa?

A: Significa dejar de lado un romanticismo y meterse de lleno en una maquinaria neoliberal, pero es la maquinaria que te da de comer a menos que no decidas ese clásico de yo hago esto porque pongo aquí mi energía vital pero no te pido nada porque el dinero se lo voy a pedir a otro trabajo, a dar clases… El médico no tiene esa disyuntiva, yo voy a ejercer esto que he estudiado, lo ejerzo y tú me pagas, luego en mis ratos libres hago de militante de la naturopatía o hago trabajo voluntario para personas sin recursos.

M: Hay demanda de médicos, de abogados…

A: No hay demanda de artistas.

M: ¿Cómo solucionamos esto?

A: Lo más bonito es que nos empeñamos en ser el faro, la luz, y me pregunto si no somos vistos como parásitos, gente que exige al Estado parte de los impuestos de todos, subvenciones, ayudas, que exige porque considera que genera un discurso común, que es lo que pienso, sin el hecho cultural no hay sociedad. Pienso que esto es lo más emancipador, si es real, si no es solo propaganda, es a lo máximo a lo que aspira el arte en cualquier caso, a poder vehicular una conciencia de unión sin caer en la propaganda.

M: ¿Una conciencia de unión que pasa por una individualización y reconocimiento personal?

A: Pasaría por sentir que cuando alguien produce algo lo hace para los demás, y que los que tiene más cerca, en su mismo ámbito, no son personas con las que compite sino personas que hacen lo mismo… Es una visión del mundo donde individuos quieren estar juntos. Es una visión que se opone a la del patriarcado. La individualización, la marca personal, la veo vinculada a la precariedad, la flexibilización, el sé tu propio jefe, todo eso, todo el desmantelamiento de lo que conocemos como el proyecto moderno, es donde estamos, e implica que ya vamos abandonando todos esos potenciales desregulados románticos y ya formamos parte, con esa definición de carácter jurídico, de un sistema que era lo que tú te dedicabas a boicotear, a decir que no pertenecías a eso. Implica que es como una culminación, todo ha ido muriendo, siendo dejado atrás, y ahora quiero que me pagues y ser un trabajador más.

M: Volver al artesanado.

A: Sí, porque cierto tipo de ilusión revolucionaria ya ha muerto, y por ejemplo Santiago Sierra rechaza el premio nacional, lo hace obra y la vende en una postura radical en cuanto expone la hipocresía en el arte. Es la trampa, si no formo parte de ese sistema entonces tengo que aceptar una vida precaria. La kelly te dirá que ella no tiene opción, no está en ese esnobismo existencial. Por eso tenemos tan mala prensa. Gente que odia militantemente el arte: hablan de todo, se creen que saben de todo, no saben nada, opinan de todo, todo el rato y encima consideran que su opinión vale más que la de los demás porque ellos ven cosas que los demás no ven. Es que mirando el arte contemporáneo desde fuera hay cierto aire de ser una élite esnob que tiene esta dualidad. Esta es nuestra excepcionalidad, pero esto no sé si habla mal de nosotros. Cuando se dice salir de la precariedad, reconocimiento laboral, fiscal y social, ¿implica el Estatuto del Artista todo esto?

M: Cuando te decía lo de visibilizar el trabajo sumergido, hay que ponerlo en paralelo con el trabajo de cuidado que han venido realizando las mujeres. Porque la motivación es la misma, el amor; porque nos dedicamos a cuidar a los demás, y con esa palanca del amor las cosas ni se contabilizan ni se pagan. Recuerdo una publicación en que Mireia Sallarés citaba a Mari Luz Esteban: “Reivindiquem l’amor com alternativa a conflictes i desigualtats que potser precisament estan essent alimentats a base d’amor. Encara avui, quan més cuida una dona més està col·laborant al seu empobriment econòmic i a la falta de reconeixement social.” El amor como trampa. Esto te pone en una disyuntiva muy cruel cuando la persona que necesita el cuidado es alguien muy cercano. Pero reivindicar el arte de esta misma forma parece tal cual una contribución al propio empobrecimiento. Creo que estas reivindicaciones se pueden poner en paralelo, porque hay una dedicación y un cuidado que sustentan y tiran adelante los proyectos artísticos.

A: ¿Queremos un reconocimiento social?

M: Creo que sí, no sé si reconocimiento, o un conocimiento, que no es re-, es una normalización. El reconocimiento ya incluye algo más, no solo lo veo sino que lo valoro. Sería simplemente situar que estamos aquí y hacemos esto, no como valor añadido sino para normalizar su presencia y su función.

A: Normalizar lo que tenía vocación de no normalizado, además militante y orgulloso, que consideraba que ese era su lugar, disidente de norma.

M: Quizás el problema está en la cuestión de la profesionalización.

A: Profesionalización habíamos dicho que era cumplir unas buenas prácticas, básicamente saber lo que estás haciendo, tener la legitimidad de saber qué estás haciendo y hacerlo bien.

M: Pero esto es de cara a los demás, de cara a las leyes.

A: Dentro de unas normas comunes que validan aquello.

M: Es una cuestión de forma. Si esta forma permite facilitar la actividad, entonces la profesionalización es positiva.

A: Y todas las implicaciones que tiene a nivel regulativo, normativizador, no sé si es lo que mata lo que era el espíritu de la actividad artística, imaginar posibilidades que no existen, cargarse las reglas. Trabajar cargándose las reglas y querer formar parte de todas ellas.

M: Es el encaje en una definición. No es para poner límites al contenido, para dejar de contestar, romper, poner en cuestión. Es para hacerlo mejor, tener mejores herramientas. Si trabajas con medios tienes la posibilidad de trabajar mejor. Puede que agudices el ingenio cuando no tienes medios pero continuamente sin medios, el cansancio acaba con la creatividad, no deja que crezcas, que evoluciones, que desarrolles. Si resulta en una contradicción o una hipocresía, entonces el arte cambiará, si cambian las condiciones cambiará el arte. La percepción de que el artista no es un profesional condiciona la práctica. Y a la vez la convicción de que es algo más que un trabajo nos mantiene en vilo y en el filo.

A: Nunca nada ha ido a ningún sitio sin una dosis de idealismo, es imposible, es mantener el sistema. El riesgo a nivel vital lo has asumido tú, tú has aportado algo a nivel social generador de parte de todo lo demás. Y tienes que estar peleando por un documento de pedir mínimos.

M: Todo pasa por la autoría al final. Si yo me hago portador y valedor de una idea, es mía. Si le saco rendimiento es más mía todavía. En cambio desde la posición de la colectividad, si yo lanzo una idea para contribuir a mejorar la sociedad y eso pasa, debería ser motivación y objetivo suficiente. La recompensa por la aportación a la colectividad no es viable porque obviamente no te ayuda a sostener la práctica a nivel material. Pero ese idealismo pasa porque tú también te sientes bien si aportas algo o crees que lo que estás aportando tiene su grado de importancia.

A: Entonces ya es un acto de misticismo, ya pasamos al sacrificio.

M: Es que no lo puedes bajar a medias a la tierra.

A: Esto que dices me resuena a algo como: es que es un o todo o nada, no puede ser a medias, es como un compromiso vital hasta las últimas consecuencias.

 

Judy Chicago se dirige a las voluntarias en el estudio. The Dinner Party , c. 1978. Photo: Amy Meadow

 

Alba Mayol Curci es artista y filóloga. Investiga narrativas periféricas en las que mecanismos emocionales pueden funcionar como un activismo.

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