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Spotlight

23 noviembre 2023
«Alonso Gil. 247» Veinte años de trayectoria en las Sala Atín Aya de Sevilla

El 28 de septiembre se inauguraba en la Sala Atín Aya la exposición Alonso Gil. 247, que se podrá visitar hasta el 10 de diciembre. Esta exposición, aunque no se plantee como una retrospectiva como tal, abarca más de veinte años de trayectoria de Alonso Gil (Badajoz, 1966). Un compendio de obras donde se visibiliza la transversalidad del trabajo del artista, no sólo a nivel disciplinar (pintura, fotografía, dibujo, instalación, intervención urbana, vídeo, etc.), sino también a nivel discursivo: el arte como consecuencia de la creación del artista como sujeto cognoscente.

Sigue siendo una idea bastante generalizada la de la figura del/a artista como persona bohemia, es decir, cuyas preocupaciones difieren de las del resto de lxs mortales: el artista que entrega su vida al arte en un acto casi místico, consagrándose como un ser trascendental. Y puede que este relato haya calado incluso en algunxs artistas. Sin entrar en juicios morales, no es este el caso de Alonso Gil, que más que entregar su vida al arte, ha entregado su arte a la vida. Una entrega que, si bien es cierto que acarrea un compromiso, no se enmarca bajo un halo místico, sino más bien materialista. La vida entendida desde lo humano, desde lo terrenal; la vida mirada con cercanía.

Flores del desierto (2023) es un gran lienzo donde Alonso Gil colocó estratégicamente diferentes desechos metálicos (sierras, latas, herramientas, componentes de minas antipersona) de modo que tras el proceso de oxidación, en el lienzo se plasmó una suerte bouquet.

Si se me permite la licencia, en términos velazqueños, la obra de Alonso Gil se me antoja más la Vieja friendo huevos (que Velázquez pinta en Sevilla en torno a 1618, antes de cumplir 20 años, justo después de ser admitido en el gremio de pintores y donde se retrata una realidad tangible -sensorial y emocionalmente- para la mayoría de personas de su tiempo), que Las Meninas (o La familia de Felipe IV, obra de 1656, pintada cuatro años antes de su muerte, cuando llevaba más de 30 años siendo pintor de la corte, habiendo conseguido condecoraciones de diferente índole y retratando una realidad ajena a la mayoría de las personas de su tiempo). Con esto no quiero decir que una obra me parezca mejor o más interesante que la otra, simplemente reflexiono, no sobre la técnica, la maestría o los recursos empleados en cada obra, sino sobre el contexto del que emergen.

Gritos (2023) es una pieza audiovisual donde Alonso Gil recoge una serie de relatos, una suerte de monólogos de personas que trabajan en los alrededores de su estudio (en el barrio sevillano de la Puerta de la Carne). En estos relatos, una peluquera, un butanero recién jubilado, un músico callejero, una vendedora de flores o una camarera (entre otrxs tantxs) hablan de su trabajo, de sus sueños, de sus frustraciones.

El propio título de la exposición 247 alude a cómo el artista se percibe y se comprende a sí mismo como artista de una forma continua, 24 (horas al día) 7 (días a la semana). La transversalidad del arte en la vida del artista. Es decir, la mirada, las preocupaciones, los intereses o los pensamientos del artista no son intermitentes, no varían según éste esté dentro o fuera del estudio. Estando en la peluquería, comprando tabaco, de copas con lxs amigxs, en la inauguración de una exposición, leyendo un libro, asistiendo a una manifestación, en el mercado o en el estudio, Alonso Gil siempre está dentro de ese engranaje donde la vida es mirada desde el arte y el arte se compromete a su vez con esa realidad percibida. En el estudio o fuera de él, Alonso Gil siempre está en el barro del arte, en el fango de la vida.

Esa autopercepción del artista como sujeto expuesto a unos contextos tangibles como el político, el social, el relacional o el afectivo, entabla en la obra de Alonso una relación entre el lenguaje artístico propio y la realidad que pretende traducir. Esa relación se refleja, no sólo en la narrativa que se inscribe en sus obras, sino en los procesos de creación y producción de estas.. Obras como la ya mencionada Gritos o Sáhara Libre Wear o Canteminación (entre otras) han sido producidas de forma colectiva, contando con agentes o sujetos pertenecientes al contexto concreto que trata Alonso Gil en sus obras. En este sentido me parece especialmente interesante mencionar la publicación Textos sobre el trabajo, una lista de diferentes textos, cuya temática es el trabajo, realizada en colaboración con la librería granadina Bakakai.

Por otro lado, en algunas obras es evidente que lo político está presente en el trabajo de Alonso Gil, tratando conflictos concretos como el del Sáhara o la problemática de la refinería y la minería en Extremadura (como en Mi nombre es mío, One Dollar Bill, A Pintaropa, Los Abandonados, Mi casa es tu casa, Canteminación o Guarrerías). No obstante, lo político está presente en su trabajo en tanto elemento transversal en la vida de lxs individuxs y las sociedades.

En definitiva, Alonso Gil. 247 se constituye a través de un recorrido que abarca más de 20 años de trabajo del artista a través de una serie de obras en las que se reflejan los pilares en los que se ha ido cimentando un lenguaje, un proceso y una narrativa muy particulares. Una exposición en la que se evidencia que Alonso Gil, además de ser artista, lo es como sujeto político, social y afectivo cognoscente, comprometido con su tiempo y sus conflictos y sin dejar de lado la poética e incluso la ironía que estos requieren.


Exposición Alonso Gil. 247,  comisariada por Esther Regueira
Hasta el 10 de diciembre en sala Atín Aya, ICAS (Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla)

C/. Arguijo 4. 41003 Sevilla

Guillermo Amaya Brenes, aunque gaditano de nacimiento (Conil, 1993), vive y trabaja en Sevilla desde 2015. Aunque no le gusta demasiado ninguno de los dos términos, es crítico y comisario de arte contemporáneo. Ha trabajado en galerías como Di Gallery o Espacio Olvera, ha escrito multitud de textos curatoriales para galerías como Rafael Ortiz o Yusto Giner y ha trabajado y sigue trabajando muy cerquita de artistas como Mariajosé Gallardo o Ana Barriga. En la temporada 2022-2023 dirigió la galería DOMO.

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