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Le Début evoca una respuesta al nihilismo, a ese vacío asaltante cuando aquello que sostiene nuestra existencia cae: la niñez. A partir de elementos que nos hacen transitar de la infancia, a la desilusión del primer amor y su consecuente duelo, presenciamos este proceso doloroso que parece remitir a una verdad común en toda filosofía. Esto es, una necesidad de mirar al abismo para alzarse de nuevo, como las raíces de un árbol hacia las profundidades.
Sin embargo, hay algo del rastro en este camino que queda inasible. Una pregunta se nos abre al presenciar cómo uno de los cuerpos queda aislado del resto. Mientras que la sincronía marca el centro de la imagen, un solo individuo queda en los márgenes a la vez que con movimientos bruscos parece luchar contra algo. La imagen se ofrece como una brecha que enuncia el carácter inconcluso de la posible respuesta existencial detrás de la obra. Y de ahí, los interrogantes: ¿Es suficiente un ‘sí’ a la vida? ¿Qué hacemos con la herida que nos queda después de nuestro debut? Para responder a estas preguntas, es necesario entender la naturaleza de las primeras veces y de dónde surge la lectura de la pieza como una propuesta vitalista.
Hay algo en Le Début que parece indicar la fragilidad de las construcciones de sentido adquiridas en el tiempo. Cuando todas gritan de espanto simultáneamente ante su propia mano, la imagen nos evoca esa primera sensación de extrañamiento al ser arrojadas al mundo sin aún tener una identidad. Recuerda al surgir de la consciencia que coloca al Yo como el punto de partida y se contrapone al resto de las cosas existentes. Jugar y descubrir son posibilidades que se agotan, pues debemos acogernos a construcciones que sostengan nuestra existencia. Sin embargo, se derrumban, pues no hay capas de sentido que fundamenten la existencia de forma incondicional. En cierto modo, toda idea intenta definir a priori lo que constituye una necesidad para la vida, sin antes haber atendido a todas nuestras posibilidades. La consciencia es temerosa y vulnerable ante el absurdo.
Frente a este vacío, ¿qué respuesta podemos interpretar por parte de la obra? Tras el frenesí, presenciamos la encarnación de un niño que vuelve a montar su triciclo mientras retoma el espacio con amplios movimientos y juega con él. Esto remite a un vitalismo nietzscheano caracterizado por ‘ el niño’. Propone elegir amar la vida con voluntad pese al sufrimiento, y tratarla como un campo abierto sobre el que crear. No hay ningún ‘qué’ con la suficiente fuerza para sostenernos, tan solo una cierta mirada que devuelva algo de la magia de antaño.
No obstante, tenemos esa tendencia a mirar el vacío y ser reticentes al dolor. Si volvemos a la imagen del cuerpo aislado, se abre en nosotras la pregunta por la herida. Hay una duda por este ‘sí’ a la vida, pues parece decorar el contorno de algo que sigue hueco y supurando. Una inquietud que precisamente ha surgido nuevamente en la filosofía del siglo XX: la pregunta por el ser de las cosas, por algo que sea sustancia y se ocupe de esa parte de nosotras que quiere ser sostenida y amada sin esfuerzo ni resistencia. Pero, ¿existe acaso tal cosa? Un fundamento que nos permita seguir viviendo sin una melancolía por lo que éramos antes de vernos obligadas a existir bajo unas leyes concretas. O, por el contrario, ¿no queda más remedio que aceptar el dolor que vendrá con nuestros incesantes debuts, al estilo del eterno retorno?
A pesar de esta aparente incompatibilidad entre un ‘cómo’ y un ‘qué’, hay un potencial tras esta cuestión evocada en Le Début. Esto es, volver la forma y la materia en una sola cosa indistinguible; en otras palabras, poder amar la vida porque esta es amable. Para ello, cabe construir un mundo en el que la herida no pese y el ‘sí’ sea realmente posible. Sin que nada quede al margen: un proyecto que se extiende más allá de nosotras mismas y abre una lucha por una vida digna que atienda a todas las partes de la existencia.
Le Début de Aleix Colomer Campoy es la pieza ganadora de la edición de 2025 del Premi de Dansa del Instituto del Teatro, un galardón destinado a potenciar el trabajo de jóvenes creadores e intérpretes, ofreciéndoles apoyo económico a la producción y la posibilidad de exhibir sus piezas en contextos profesionales, como un escenario del Grec Festival de Barcelona. Con la colaboración del Instituto del Teatro, Fabra i Coats: Fàbrica de Creació, L’Estruch – Fábrica de Creación de las Artes en Vivo, La Caldera. Se presentó los días 28 y 29 de julio en el Mercat de les Flors, dentro del Grec 2026 Festival de Barcelona
[Imagen destacada: Le Début. Fotografía de Luis San Andrés
Imágenes carrusel: Le Début en el Mercat de les Flors, 28/7/2026. Fotografías Anna Fàbrega y Eloi Rodés Aznar]
Sofía Pardo Román es estudiante de Filosofía de la Universidad de Barcelona. Su mirada e intereses se centran en la interseccionalidad entre la filosofía, el pensamiento poético y las artes. Escribe explorando los puntos que se abren entre la palabra y la acción artística.
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)