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Magazine

04 octubre 2021
«El emprendimiento, para cultura y para otras actividades, tiene que estar apoyado por una infraestructura del Estado que dé facilidad y flexibilidad» Entrevista a José Guirao

Montse Badia

José Guirao es una persona con una amplia experiencia en el ámbito de la cultura. Muy cercano a los creadores de los distintos sectores culturales, ha desempeñado puestos de responsabilidad en la gestión cultural y en la administración pública.  Guirao ha sido Ministro de Cultura (2018-2020) y previamente, director del Centro de Arte Reina Sofía de Madrid ( 1994-2001) y de La Casa Encendida (2002-2014). Actualmente es director general de la Fundación Montemadrid.

En su calidad de «sabio», persona con gran experiencia y, sobre todo, de gran capacidad analítica, hemos mantenido con él, una conversación a través de zoom sobre la necesidad de implementar el Estatuto del Artista, sobre la financiación de la cultura, los retos de la creación para ser sostenible y las responsabilidades de la administración y la sociedad civil.

Montse Badia – Hace unos años, cuando eras director de La Casa Encendida hablabas de que tras la crisis del 2008 estábamos siendo testigos del fin de un modelo, que había falta de proyecto y los recursos se destinaban a grandes proyectos e instituciones y esto suponía una dura supervivencia para los pequeños proyectos ¿Ha cambiado tu percepción? ¿Cuál es tu análisis?

José Guirao – Creo que la insuficiente financiación de la cultura no se ha recuperado de la crisis de 2008. Entre los años 2012 y 2018, dentro de los Presupuestos Generales del Estado, el presupuesto de Cultura, siendo el menos importante en cantidad y en proporción, fue el que más bajó, un 54 %. Y no lo hemos recuperado. Mi preocupación en mi etapa como ministro fue doble, por un lado, tener una buena interlocución y políticas de acuerdo con las autonomías, es decir, que la cultura no fuera un área de diferencias o confrontación, sino un espacio de cooperación. Independientemente del signo político de las autonomías hubo, por mi parte, un trabajo de acercamiento ,sobre todo profesional. Mi otra preocupación era aumentar los recursos.

Pero el problema de la financiación sigue exactamente igual. No se ha recuperado.  Cuando la administración baja los recursos que dedica a la cultura,  los proyectos que pierden oportunidades son los nuevos, los más experimentales. Uno de los problemas estructurales que tenemos en la cultura española (aunque creo que ha mejorado) es que seguimos apoyando sobre todo a  los proyectos que ya están reconocidos por la prensa  y por la sociedad, pero somos todavía muy timoratos para apoyar los nuevos, ya sean pequeños o grandes. Seguimos priorizando la autopista cuando lo más interesante está en la carretera secundaria, en los márgenes de la autopista. En ese sentido, creo que La Casa Encendida fue un revulsivo para generar territorios de prueba y error. La cultura necesita esos espacios de prueba-error y de confrontación con el público.

También tenemos problemas en la financiación de los grandes espacios culturales y esto tiene que ver con la estructura administrativa,  que es muy poco flexible.  Sin olvidar que los grandes contenedores culturales no se planificaron para que desde el punto de vista energético, y arquitectónico fueran sostenibles.  Sólo para abrir la puerta necesitan el 80 % del presupuesto para limpieza, aire acondicionado, seguridad, etc. de modo que queda un porcentaje pequeño para programación y actividades.

Respecto al dinero privado, no se ha podido conseguir todavía una mejor Ley de Mecenazgo, que aunque no sea la panacea, ayudaría porque todos nuestros procesos son también anímicos y mentales, es decir, si el Estado (Gobierno Central, autonómico, Ayuntamientos, etc.) está dispuesto a ser generoso con la cultura y hace que la carga impositiva de la cultura sea menor, esto facilitará la búsqueda de recursos privados.  Hay una falta de cultura de mecenazgo en la sociedad española. Hay que invertir en educar a la sociedad española en el mecenazgo. La sociedad española es muy solidaria en temas sociales, pero no en temas culturales.  Hay que conseguir que las aportaciones a la cultura desgraven igual que las aportaciones en temas sociales.

La Casa Encendida, Madrid

MB – En tu etapa como Ministro de Cultura, uno de los puntos en los que más insististe fue el Estatuto del Artista (artistas y trabajadores/as de la cultura) para adaptar las medidas fiscales y las obligaciones con la Seguridad Social a la realidad laboral del trabajo cultural. ¿En qué punto se encuentra el Estatuto del Artista?

JG – El Estatuto del Artista era un documento con 70 medidas a tomar pactadas con todo el espectro cultural, que se debían trabajar capitaneadas por el Ministerio de Cultura en colaboración con el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Siendo yo Ministro, conseguimos aprobar una serie de medidas, las que eran más fáciles desde el punto de vista legal, es decir, modificar una orden o hacer una orden ministerial.  Quedó una parte pendiente, aunque teníamos el apoyo del Presidente del Gobierno y la Vicepresidenta, porque el Gobierno entró en funciones. El listado de lo que queda pendiente está bien definido y creo que el actual ministro de cultura, Miquel Iceta tiene la capacidad y la voluntad de llevarlo a cabo.

MB – La gran pregunta es ¿cómo hacer sostenibles los proyectos culturales, para que los y las trabajadoras de la cultura puedan vivir de ello? ¿Cuál es la fórmula? ¿subvenciones? ¿mecenazgo? ¿crowdfunding? ¿crees, por ejemplo, que la renta básica universal podría ser una solución?

JG – Creo que la cultura hay que sacarla del espacio mental de las órdenes mendicantes y de los menesterosos. La cultura es el 3,5% del producto interior bruto. Sin embargo los recursos que se le dedican son ridículos.  Por ejemplo, antes de la pandemia 14 millones de turistas de los 82 millones en el récord, venían a hacer turismo cultural. Sin embargo, Turismo no invierte en temas patrimoniales o de grandes festivales.

La renta básica universal nos pondría en la categoría de menesterosos y somos una de las espinas dorsales de la sociedad. Tengamos a los trabajadores de la cultura en la misma condiciones que al resto de trabajadores. Esto es el Estatuto del Artista. El gran ejemplo tienen que darlo las administraciones públicas que tienen que darle presupuestariamente a la cultura lo que la cultura merece dentro de su sociedad. Ahora mismo, la cultura es el 0,3 por 100 de los presupuestos de todas las administraciones. Esto no es viable. Vamos a hacer un plan para que en 5 años del 0,3 pasemos al 1 %, de todas las administraciones.

Debo decir también que el sector cultural no se ha sabido unir ni reivindicar. Reivindicamos cosas puntuales pero no lo mal que nos tratan. Sería clave que todo el sector de  la cultura se uniera en la reivindicación.

MB – Además de su trabajo creativo, los y las artistas tienen que ser profesionales y el mensaje es que ser emprendedores es la forma adecuada de empoderamiento. ¿Estás de acuerdo?

JG – Si ese emprendimiento al que se nos induce tiene los canales legales adecuados y responde a una respuesta positiva de la estructura administrativa, estoy a favor. No me parece mal el discurso del emprendimiento, pero hay que hacerlo con unas condiciones que permitan que ese emprendimiento fluya. El emprendimiento, para cultura y para otras actividades igualmente, tiene que estar apoyado por una infraestructura del Estado que dé facilidad y flexibilidad. Creo que la administración ha avanzado mucho en la digitalización de los procesos, pero no en su simplificación.

MB – ¿Crees que producción cultural es igual a industria cultural?  

JG – Industria significa que es un sector que tiene una estructura de empleo, profesiones distintas, una infraestructura, etc.  El nombre no es lo más importante. Viene de la industria del cine, la industria del audiovisual, la industria editorial… Dentro del esquema hay distintos profesionales con necesidades distintas. Lo importante es crear una estructura en la que cada tipo de profesional tenga capacidad de resolver sus necesidades y encajarlas en el conjunto con facilidad. Los problemas que tiene una imprenta que está imprimiendo un libro no son los mismos que tiene el señor o la señora que escribe el libro, el señor o la señora que traduce, el señor o la señora que diseña y maqueta. Lo que no podemos hacer en la cultura es unificar. Hay algo que nos unifica pero también hay mucha diversidad. Creo que hay que trabajar en solventar los problemas que cada pieza del engranaje tiene por sí misma y en su relación con las otras piezas del engranaje. Al final, se trate de videojuegos o de libros, se trata de empresas y autónomos que tienen que producir, vender, distribuir e ingresar para poder hacer el siguiente proyecto.

MB – La cultura ayuda a transmitir valores y contribuye a hacer sociedades más justas. Tiene un importante impacto social. ¿Cómo entendéis ese impacto social desde la Fundación Montemadrid?

JG  – De una manera muy básica. La cultura la hacemos para la gente, con la que trabajamos, para la que trabajamos y en los entornos que trabajamos. Nosotros tenemos que adaptarnos al entorno para poder comunicarnos con el entorno, pensar, mejorarlo y estamos completamente en contra de ese gran proceso que se ha producido en los últimos años, de endogamia cultural. Nunca he oído hablar tanto de públicos y nuevos públicos y nunca he visto tanta actividad cultural hecha a espaldas del público.

Creo que todo proyecto debe responder a la sociedad en la que se inscribe para mejorarla. Aunque se inscriba en una sociedad pobre culturalmente, como gestor, tengo que hacer un proyecto rico y presentarlo para que esa sociedad no huya de esos proyectos sino que se integre en ellos. Si La Casa Encendida en vez de estar en Madrid en el barrio de Lavapiés hubiera estado en el barrio de Salamanca hubiera sido otro proyecto. Si en vez de estar en Madrid hubiera estado bien Zaragoza, con la misma base, hubiera sido otro proyecto. Hemos hecho muchas cosas en La Casa Encendida que tienen que ver con nuestro barrio. Es un barrio que tiene un 40% de inmigrantes. Detectamos que las mujeres inmigrantes no venían y empezamos a dar clases de español para inmigrantes. Recuerdo que John Berger vino a reconstruir una performance que había hecho con Juan Muñoz en Alemania y durante la semana previa de ensayos en La Casa Encendida se quedó gratamente impresionado cuando coincidía con las señoras de Sri Lanka, que entraban al mismo tiempo para aprender español, para aprender otra lengua porque querían una vida nueva.

Por las tardes hacíamos también clases de refuerzo en la biblioteca infantil para niños inmigrantes, venían también sus madres a acompañarlos y recogerlos. Recuerdo también una asociación de chicos de Nigeria que querían hacer teatro e hicieron una adaptación de El Quijote. Hicimos muchas cosas para y con la gente del barrio.

No creo en los conceptos de alta y baja cultura. Creo en cultura accesible o cultura inaccesible. Y pienso que, en general, la gente es más sensible y receptiva de lo que creemos. Por eso, siempre hay que arriesgar. Si como programador crees que hay cosas que el público no va a entender, tienes que intentar generar unas condiciones para que lo entiendan, mira quienes son los líderes de opinión, habla con ellos, aprende.

MB – Sin duda son procesos que requieren tiempo. À propos, recientemente has publicado un libro, junto a Magadalena Cantero que se llama «Aún hay tiempo. Paisajes para después de la pandemia».

JG -Es un libro que nos encargó la Universidad de Almería, de donde yo soy. El rector nos encargó el libro a principios de mayo de 2020. En ese momento, Magdalena era la presidenta del Consejo Social de la Universidad de Almería. Nos importaba hablar de una serie de temas, como medio ambiente, economía, educación universitaria y cultura. Intentamos hacer una suma de firmas a nivel local y también a nivel nacional (con Nadia Calviño, Teresa Ribera, Méndez de Vigo, Jordi Costa o Josep Ramoneda, entre otros). Intentamos conjugar el punto de vista local con el global, apuntando qué era lo que nos tenía que enseñar la pandemia. Por ejemplo no hablamos de sanidad, sino de investigación. Hablamos de digitalización, porque la pandemia nos ha enseñado que los  sistemas de trabajo y las formas de relación en el trabajo han cambiado y una pandemia puede paralizar la economía, con lo cual la digitalización es clave desde el punto de vista económico. Abordamos el tema medioambiental porque todo lo sanitario tiene que ver con un déficit de gestión de la naturaleza por la desaparición de ecosistemas y de barreras o amortiguadores entre la naturaleza y la actividad humana.

 

A Montse Badia nunca le ha gustado estarse quieta, por eso siempre ha pensado en viajar, entrar en relación con otros contextos y tomar distancias para poder pensar mejor el mundo. La crítica de arte y el comisariado ha sido una vía desde la que poner en práctica su convencimiento en la necesidad del pensamiento crítico, de las idiosincracias y los posicionamientos individuales. ¿Cómo si no podremos cuestionar la estandarización a la que nos vemos abocados?
www.montsebadia.net

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