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15 julio 2026

Edward Clug, ¿un sueño domesticado? en el Staatsballett Berlín

Ein Sommernachtstraum (El sueño de una noche de verano)

Hay sueños que se sueñan con los ojos abiertos. Ein Sommernachtstraum/El sueño de una noche de verano de Edward Clug para el Staatsballett Berlin es un ballet que coquetea con el caos del bosque sin ensuciarse demasiado. Clug, rumano de origen, conoce las reglas del juego narrativo y las respeta con una corrección que, por momentos, roza la timidez.

El sueño de una noche de verano está basado en la obra homónima de William Shakespeare, que se adentra en las profundidades de la naturaleza humana, el poder del amor, las confusiones del deseo y la magia de la imaginación. Por eso Clug desvía la mirada hacia lo que suele quedar en los márgenes. El bosque no es un decorado, es una presencia física. Los animales —la mantis religiosa que cruza la escena, los insectos que acechan— son criaturas que habitan el sueño con una lógica propia, inclasificable y extrañamente hermosa.

El sueño de una noche de verano es pura sensualidad en las escenas de conjunto. En el primer acto, treinta bailarines yacen en el suelo con sus mallas púrpura, y lo que emerge no es un paisaje: es una criatura viva, una planta carnívora de cuerpos que respira al unísono. Y la certeza de que Puck —con su ambigüedad, su crueldad infantil— es el único que se atreve a desobedecer el orden coreográfico. 

La música de Milko Lazar sustituye a Mendelssohn sin complejos. Se mueve entre lo etéreo y lo minimalista, con un momento de succión sonora que obliga al cuerpo a moverse. La escenografía de Marko Japelj apuesta por una abstracción de hormigón y una puerta que, al abrirse, deja entrever un bosque que nunca termina de serlo. El resultado es un Shakespeare entretenido, visualmente elegante. 

Weronika Frodyma, Cohen Aitchison-Dugas y ensemble. Foto: © Yan Revazov

Lo más punzante del montaje no está en los amantes Hermia y Lisandro, sino en Leroy Mokgatle como Puck, el duende travieso y bufón de la corte que desata el caos amoroso con sus hechizos. Puck tiene una presencia flamboyante, luminosa e imprevisible que inyecta a la función una nota camp que el resto del espectáculo agradece. Y también en Michelle Willems como Helena, que se atreve con el ridículo, con la rabia, con ese tipo de vulnerabilidad que hace que el público recuerde por qué sigue yendo al teatro.

Mokgatle es una bailarina no binaria sudafricana que se incorporó al Staatsballett Berlin en la temporada 2023/24 y fue ascendida a demi-solista en 2024. Antes de llegar a Berlín, ya había ganado el Youth America Grand Prix y el Genée International Ballet Competition, y había bailado en el Béjart Ballet y el Ballett Zürich. Ademas este año ha sido galardonada con Daphne-Preis 2026. Por lo tanto, su presencia en Ein Sommernachtstraum no es un gesto simbólico, es el centro magnético de la pieza. 

Clug no deconstruye el sexismo del original —Oberon hechizando a Titania sin castigo sigue ahí, escenificado con oficio—. Pero lo que sí hace es abrir espacio para que Mokgatle sea el eje de la noche. Y en esos minutos, el sueño deja de ser doméstico y se vuelve levemente peligroso, evocativo, con animales que parecen salidos de un grabado antiguo, y un Puck que no pide permiso para existir.

Esta última función de Ein Sommernachtstraum de Clug cierran el teatro de cara a las vacaciones estivales. Y deja un buen sabor de boca, no busca provocar, ni deconstruir, ni incendiar el canon. No es el Shakespeare más incómodo, es un Shakespeare que respira, y a veces eso basta.

 

Imagen de portada: Leroy Mokgatle como Puck en Ein Sommernachtstraum de Edward Club representado en el escenario de la Deutsche Oper Berlin. Foto: © Yan Revazov


Staatsballett Berlin

María Muñoz Martínez es gestora cultural y educadora formada en Historia del Arte e Ingeniería de Telecomunicaciones, esa hibridez forma parte de su naturaleza. Ha sido profesora de «Historia del Arte de la primera mitad del siglo XX» en ESDI y actualmente imparte la asignatura de «Arte en un contexto global» en el Master de Gestión Cultural IL3 de la Universitat de Barcelona. Además, a caballo entre Berlín y Barcelona, colabora habitualmente en diferentes medios escribiendo sobre arte y cultura y haciendo hincapié en la confluencia entre arte, sociedad/política y tecnología. Le apasiona la imagen en movimiento, la música generada electrónicamente y los medios digitales.

Retrato: Sebastian Busse 

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