close

En A*DESK llevamos desde 2002 ofreciendo contenidos en crítica y arte contemporáneo. A*DESK se ha consolidado gracias a todos los que habéis creído en el proyecto; todos los que nos habéis seguido, leído, discutido, participado y colaborado. En A*DESK colaboran y han colaborado muchas personas, con su esfuerzo y conocimiento, creyendo en el proyecto para hacerlo crecer internacionalmente. También desde A*DESK hemos generado trabajo para casi un centenar de profesionales de la cultura, desde pequeñas colaboraciones en críticas o clases hasta colaboraciones más prolongadas e intensas.

En A*DESK creemos en la necesidad de un acceso libre y universal a la cultura y al conocimiento. Y queremos seguir siendo independientes y abrirnos a más ideas y opiniones. Si crees también en A*DESK seguimos necesitándote para poder seguir adelante. Ahora puedes participar del proyecto y apoyarlo.

Spotlight

29 octubre 2026
E-WERK Luckenwalde entrance, 2019. Copyright of E-WERK Luckenwalde and Ben Westoby.

Humo y fuego y E-WERK

Mientras el mundo del arte organiza sin descanso mesas redondas sobre la emergencia climática, E-WERK Luckenwalde ha dejado atrás el discurso para construir una red eléctrica real. En 2019, la comisaria Helen Turner y el artista Pablo Wendel se hicieron cargo de una antigua central de lignito de 1913, situada a treinta minutos al sur de Berlín, y la transformaron en una institución híbrida: una central energética regenerativa plenamente operativa y un centro de arte contemporáneo.

Esta temporada, la electricidad no solo es lo que alimenta el edificio, sino también el objeto de su programación. La exposición Electricity, de Asad Raza, podrá visitarse hasta abril de 2027, acompañada de un programa de cine y performances y de un maratón dedicado a David Lynch en el teatro modernista de la localidad.

En esta conversación, la directora artística Helen Turner explica el funcionamiento de Kunststrom (arte electricidad), la inquietante resonancia de la «luz fría», como llamaban a la electricidad los antiguos trabajadores de la central, y por qué las perturbaciones eléctricas de David Lynch siguen siendo esenciales para repensar la capacidad del arte de actuar sobre el mundo a través de la energía.

E-WERK Luckenwalde © Ben Westoby

Sobre E-Werk, ¿cómo funcionan una central energética y un centro de arte como institución única? ¿Y cómo produce energía el arte en este contexto?

Para Pablo y para mí, la programación cultural y la producción energética son interdependientes. Cuando abrimos E-WERK en 2019, nuestra ambición era reactivar su función original, pero en unas condiciones ecológicas y culturales nuevas. A ambos nos frustraba que el mundo del arte hablara cada vez más de sostenibilidad mientras seguía funcionando de maneras fundamentalmente insostenibles. Queríamos ir más allá de representar la sostenibilidad y transformar la propia infraestructura de la producción cultural.

Hoy, E-WERK genera electricidad renovable y calor mediante energía solar y pirólisis de madera para producir gas. En colaboración con muchas de las personas que habían trabajado anteriormente en la central, Pablo recuperó el sistema original de cintas transportadoras, con más de cien años de antigüedad. Ahora transporta astillas de madera residual de origen local por el edificio para generar calor y electricidad. El excedente de electricidad se vierte a la red nacional y se suministra a clientes de Kunststrom en toda Alemania; los ingresos contribuyen a financiar nuestro programa cultural. La producción de energía y la producción cultural se sostienen mutuamente.

El texto de la exposición afirma que, en lugar de ilustrar la electricidad, Electricity presta atención a los medios a través de los cuales esta se vuelve perceptible. ¿Qué significa esto para alguien que recorre la exposición?

La electricidad es extrañamente difícil de representar porque rara vez la experimentamos de forma directa. Percibimos sus efectos a través de la luz, el calor, el sonido, el movimiento, los campos magnéticos, los dispositivos tecnológicos y nuestros propios cuerpos. La exposición invita al público a prestar atención a los materiales, las relaciones y las condiciones que permiten percibirla, como las vibraciones, el ámbar y las ondas de radio. En lugar de buscar una obra que represente la electricidad, los visitantes empiezan a advertirla como algo en lo que ya están inmersos. En realidad, no es algo que se mire, sino algo que se atraviesa.

Asad Raza, instalación en E-WERK Luckenwalde. Cortesía de E-Werk Luckenvalde. Foto: Constanze Flamme

Asad Raza describe la electricidad como algo terrestre, ontológico y sublime, desplazando la mirada que la entiende únicamente como un servicio utilitario. Al mismo tiempo, la energía ocupa un lugar central en las crisis climática y económica actuales, ¿la exposición aborda ambas dimensiones?

Por supuesto. Una de las cosas más interesantes de la exposición de Asad es que no separa estas dimensiones. Tendemos a pensar en la electricidad en términos utilitarios, algo tan banal como los copos de cereales, algo que sale de un enchufe y tiene un precio por kilovatio/hora. Pero la electricidad también es una condición fundamental de la vida. Es algo extraordinario, sublime, y para mí está muy cerca del inconsciente. Al mismo tiempo, la energía está entrelazada con el poder. Detrás de cada sistema energético hay cuestiones relacionadas con los recursos, la extracción, el trabajo, las infraestructuras y la propiedad.

Para quienes trabajamos en E-WERK, no es una conversación nueva. Nos enfrentamos a estas cuestiones a diario e intentamos tratar la energía como algo de lo que somos responsables, en lugar de considerarla una mera consecuencia de nuestra actividad.

Las visitas guiadas por conductores son una característica poco habitual de la exposición. ¿Qué permite este formato que no ofrezca una visita convencional?

Las visitas guiadas por los Conductores generan una sensación de intimidad mucho mayor. Limitamos cada grupo a doce personas y el formato permite acceder a zonas del edificio que, de otro modo, quedarían fuera del alcance de los visitantes.

Los Conductores también comparten las investigaciones que han servido de base a la exposición, en particular las conversaciones de Asad con el historiador de ciencia Simon Schaffer sobre la historia de la electricidad, desde sus primeras manifestaciones, performativas y misteriosas, hasta su industrialización. Simon dará la conferencia inaugural del simposio que clausurará la exposición, A Battery Is an Artificial Fish, el 24 de abril de 2027, junto con las actuaciones del músico ganador del Premio Pulitzer Raven Chacon y de Abbas Zahedi, entre otros nombres que se anunciarán próximamente.

Es importante señalar que los Conductores también activan las obras de Sung Tieu y Tino Sehgal, que dependen de su presencia. Por tanto, no se limitan a mediar en la exposición, sino que forman parte de su estructura artística.

Precisamente, sobre los trabajos de Tino Sehgal y Sung Tieu, ¿por qué estos dos artistas y cómo dialogan sus obras con la de Raza?

Asad tenía mucho interés en incluir kWh, de Tino Sehgal, concebida inicialmente para Julia Stoschek en 2019. Durante la exposición se corta todo el suministro eléctrico de la institución y quienes median la obra de Tino cantan la cantidad de energía que se ha ahorrado. Nos pareció una propuesta perfecta para E-WERK y para Electricity.

Sung Tieu presenta Song for Radio, parte de la instalación por la que recibió el Preis der Nationalgalerie. Los Conductores sintonizan una radio de la época de la RDA, fabricada en una antigua empresa estatal, con una emisión en directo procedente de esa misma fábrica. La obra plantea qué transportan realmente las señales eléctricas; cómo permiten la comunicación y la transmisión, pero también la vigilancia y el control. Hay algo profundamente inquietante en esta doble naturaleza de la electricidad, tanto su capacidad para conectarnos, como también para vigilarnos y manipularnos.

Lo que más me gusta es que la práctica de Asad se construye en torno a la colaboración, en lugar de convertir una exposición individual en una oportunidad para consolidar su propia posición artística. Las tres prácticas no se ilustran entre sí, sino que abren distintas maneras de pensar la electricidad, a veces incluso contradictorias: como energía, transmisión, comunicación y forma de poder.

Stadttheater Luckenwalde, sede del ciclo de David Lynch Smoke and Fire and Electricity

Raza aborda la electricidad como algo físico que atraviesa materiales como el ámbar, el agua salada y las plantas. El programa también presenta la electricidad de Lynch como un lenguaje del inconsciente, ¿cómo se relacionan ambos enfoques?

La obra de Asad parte de la materialidad de la electricidad, pero también se interesa profundamente por su ontología, por su misterio y su resonancia con el inconsciente. Esto se percibe en el ritmo y las pausas de las visitas guiadas por los Conductores.

Esta sensación de asombro se intensifica gracias a la propia historia de E-WERK. En conversaciones con antiguos trabajadores de la central, descubrimos que antes llamaban a la electricidad «luz fría». Existía una mezcla de reverencia y desconfianza hacia esta luz que conecta con la capacidad del arte para conmovernos sin dejarse definir ni comprender por completo.

David Lynch compartía esta fascinación. En una entrevista de 2024 con Mark Kermode para The Guardian, afirmó: «Me encanta la electricidad. Me encanta el humo, el fuego y la electricidad». Sus palabras dieron título a nuestro maratón de cine y música, Smoke and Fire and Electricity, que se celebró en octubre en el Stadttheater. Lynch utilizaba la electricidad como un lenguaje para aquello que se encuentra justo más allá de lo visible, como las fuerzas inconscientes, las presencias sobrenaturales y las perturbaciones repentinas en el tejido de la vida cotidiana.

Lynch y Asad también tenían una conexión personal, ya que Lynch compuso la música para la exposición Life to Come de Asad en Metro Pictures en Nueva York en 2019 y fotografió Solaris Chronicles para LUMA Foundation en Zurich en 2014.

Junto a la exposición se desarrolla un programa cinematográfico dividido en tres capítulos: «Electric Sublime», «Electric Power» y «Electric Earth». ¿Qué explora cada uno?

Los tres capítulos ofrecen al público motivos para volver a la exposición a lo largo de sus siete meses de duración.

Electric Sublime, con obras de Saodat Ismailova, Cecilia Bengolea y Rachel Rose, aborda la electricidad como una fuerza que ha despertado asombro, miedo y fascinación, así como su relación con lo sobrenatural y los límites del conocimiento humano.

Electric Power, que se inaugura el 21 de noviembre con obras de P. Staff, Harun Farocki y David Lynch, se centra en las dimensiones políticas, sociales y tecnológicas de la energía, en cómo la electricidad ha organizado las sociedades y distribuido el poder, tanto en sentido literal como político.

Electric Earth, que se inaugura el 20 de febrero con obras de Ana Mendieta, Doug Aitken y Raven Chacon, se ocupa de la electricidad en los sistemas vivos. La electricidad no nace con la tecnología humana; es fundamental para los fenómenos atmosféricos, los procesos biológicos y los ecosistemas.

Los tres capítulos se solapan y dialogan entre sí. La idea es transitar entre lo místico, lo político y lo ecológico, y mostrar cómo la electricidad ha moldeado no solo nuestras tecnologías, sino también nuestra imaginación.

Ana Mendieta, Energy Charge, 1975, fotograma

El maratón del 16 de octubre mostró cómo se entrecruzan estos ámbitos en la práctica. Olga Hohmann y el pianista Yannick Wittman desmontaron y reconstruyeron una canción del film Solo Sunny, una película de 1980 de la Alemania Oriental dirigida por Konrad Wolf, a partir de una colección de trucos de magia eléctricos del bisabuelo de Hohmann. FRANKIE actuó con violonchelo y voz, en sintonía con la inquietud física de Fire Walk With Me. El canto de armónicos tuvano de Sainkho Namtchylak, contrapuesto a la electrónica de German Popov, evocó esa ruptura repentina con lo «ordinario» que atraviesa las películas de Lynch. Estas actuaciones se presentaron entre las proyecciones e hicieron que la electricidad se pudiera escuchar y sentir en la sala en lugar de limitarse a verla en la pantalla.

(Imagen de portada: entrada de E-WERK Luckenwalde, 2019. © E-WERK Luckenwalde y Ben Westoby)


La exposición Electricity, de Asad Raza, podrá visitarse en E-WERK Luckenwalde hasta el 25 de abril de 2027.
Lynch regresa el 21 de noviembre, con la inauguración en E-WERK del capítulo cinematográfico Electric Power.

Ana Marinković (nacida en 1997) es una artista transdisciplinar, investigadora y escritora afincada en Barcelona, España. Es licenciada y tiene un máster en Escultura y está cursando el doctorado en Estudios Transdisciplinares de Arte y Teoría de los Medios. Su investigación se centra en los estados de transición y la liminalidad, las cartografías no lineales, la producción de conocimiento a través de la cartografía, la cognición sintética, las estructuras algorítmicas y la detección biológica. Trabaja como escritora independiente, periodista y crítica de arte desde 2024. Actualmente es residente de investigación en el MACBA e investigadora en The New Centre of Research and Practice.

Media Partners:

close
close
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)