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No me había fijado en la cantidad y tamaño de los carteles que indican la financiación pública de Badajoz (Junta de Extremadura, Gobierno de España, Diputación de Badajoz, Fondos Next Generation de la Unión Europea…) hasta que comenzamos el proyecto Non plus ultra [1]Los caños se realizó como parte del proyecto de Concomitentes Non plus ultra, con el apoyo de la Fundación Daniel y Nina Carasso, mediación de Jose Iglesias García-Arenal desde Plataforma MAL y … Continue reading. Había asumido las enormes superficies craqueladas como parte natural del paisaje. En esta espectral presencia institucional continúa el poder cortijero, las estructuras latifundistas que han marcado la historia de Extremadura. Señales para recordar constantemente la dependencia con grandes y pequeños centros de poder. La periferia se internaliza con gestos tan sencillos como la escala de un cartel.
Estos planos cuarteados fueron uno de los elementos que observamos durante Non plus ultra, proceso impulsado por Concomitentes en el que un grupo de jóvenes de varios pueblos de Badajoz han buscado imaginar futuros más ilusionantes desde los que discutir la sequía -climática y cultural- del territorio, y que he acompañado desde el rol de mediación curatorial. En 2023, formamos un grupo de estudio para aprender a mirar desde el extrañamiento este paisaje simbólico de nostalgia imperial, lo que Victorio Chamorro, en un libro de rotundo título, Extremadura. Afán de miseria, nombra como “asfixiantes mitologías”. Si los grandes carteles quemados por el sol concentran una estética de dependencia institucional y extractivismo, Non plus ultra ha buscado formas decrecentistas, comunales, ilusionantes y divertidas, que culminaron en un encargo al artista Francesc Ruiz.
Tras una primera fase de mediación a través de sesiones de estudio, excursiones, fiestas y colaboraciones con les artistas Elan d’Orphium y Mayte Gómez Molina, formulamos un encargo al que Francesc respondió con Los caños. El nombre está tomado directamente del polígono industrial de Zafra, señalando el peso comercial y logístico de la zona, donde se celebra desde hace más de cinco siglos una gran feria ganadera. Los caños se ha desplegado durante meses en intervenciones en rincones y canales de comunicación de la comarca, mediante dispositivos gráficos que han explotado desde un cómic en el que camionas con gafas de sol cruzan carreteras, túneles y vallas compartiendo historias secretas.
Las páginas negras y rojas del cómic se han expandido filtrándose en la revista publicitaria local El mensajero, en cartelería por las calles, como animación en la televisión de un bar, dando forma a una imprenta de risografía comunal, El chorrillo, o apropiándose de una gasolinera abandonada. El logo de la gasolinera, una gotita roja, se multiplica y filtra entre las grietas del suelo. Las gotas se restriegan y exprimen entre sí, junto a huesos y libros rojos, bajo un paisaje que arde por el que cruzan camiones cisternas, tubos de regadío y suelos craquelados. Los cristales de la gasolinera, con los vinilos de Francesc, actúan como un panorama reflejando el entorno. Desde aquí se puede distinguir un vivero, las instalaciones de placas fotovoltaicas, la nueva cementera y las canteras de donde ha salido el material que se utiliza para levantar edificios, presas y canalizaciones.
La gotita roja tiene sus ecos en el negro y rojo de la revista El mensajero, en la tinta de una impresora de risografía seca que precedía al proyecto, en las pegatinas del colectivo antifa local… Se presenta a las camionas: “Soy la gota que colma el vaso. ¿Qué prefieres? ¿Una transfusión o un trasvase?”. En la narrativa de Los caños, el rojo es sangre, es tinta, es sudor, es agua, es la última gota de gasolina en un paisaje que se levanta quemado por el sol, una piel escamosa que revela capas y capas bajo las que siempre hay algo que fluye.
Una gran camiona con gafas de sol sale de la gasolinera y avanza junto a un embalse hacia Brovales, uno de los pueblos de colonización del Plan Badajoz, que pretendía modernizar el campo español construyendo regadíos y pueblos de calles reticulares alrededor de nuevas iglesias. El logo del Instituto Nacional de Colonización aún se puede encontrar en las tapas de alcantarilla de estos municipios. La camiona circula junto a los canales de regadíos secos, entrelazándose con las ruinas de la biopolítica franquista.
Toda fuente tapada termina explotando. Non plus ultra se ha desarrollado en torno a una idea sencilla y radical: la sequía contra la que se revelaba el grupo no es un fenómeno climático que asumir, sino la consecuencia de un estrechamiento de la relación con el territorio que habitamos, el resultado de políticas extractivistas que han abusado de acuíferos, han aridificado el suelo y sus poblaciones. Lo que percibimos como sequía y agotamiento es una gestión de fluidos precisa, la sequía es represión de otros mundos posibles. Fuentes clausuradas que han perdido su función como lugar de encuentro, manantiales sobre los que se han levantado polígonos industriales, bares secos ante la despoblación. Y todo lo que se reprime termina emergiendo de algún modo.
Los caños brotan de una forma u otra. El trabajo de Francesc Ruiz junto al grupo de Concomitentes (renombrado recientemente como “Colectivo Non plus ultra”) interviene los márgenes de la empresa extractiva de herencia imperial que ha diseñado estructuras logísticas por donde circula agua, cemento, electricidad…, para generar pequeños cortes y circuitos alternativos.
La camiona se pliega y despliega, se adapta al terreno. Desde el aire parece fluir. Los caños ha generado un universo visual y una metodología colectiva que continúa expandiéndose a través del colectivo de jóvenes. Están editando nuevos fanzines con El chorrillo para tratar la problemática de las fotovoltaicas o la falta de políticas culturales públicas, y generando espacios de encuentro en bares y ruinas industriales a través de fiestas tratando de revertir la internalización de la despoblación como destino. Los caños confronta la superficie blanquecina y craquelada de los carteles con una circulación de símbolos y energía que permea y regenera la tierra.
[Imagen destacada: Francesc Ruiz, Los caños. Fotografía: Félix Méndez].
| ↑1 | Los caños se realizó como parte del proyecto de Concomitentes Non plus ultra, con el apoyo de la Fundación Daniel y Nina Carasso, mediación de Jose Iglesias García-Arenal desde Plataforma MAL y la colaboración del colectivo UHT y el Ayuntamiento de Llera. Se inauguró en octubre 2025 y ha continuado desarrollándose con nuevos dispositivos y actividades gracias a las “Ayudas para la creación, investigación y producción de proyectos artísticos en residencia” del Ministerio de Cultura. El recorrido con la camiona que se menciona a lo largo del texto fue parte de la última actividad de Los caños, el 25 de abril de 2026. |
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Jose Iglesias García-Arenal trabaja a través de la práctica artística y curatorial en procesos de largo recorrido sobre cuestiones como las políticas de la memoria o las transformaciones tecnológicas de territorios no urbanos. Desde 2019 dirige Plataforma MAL, asociación dedicada a procesos de investigación y creación artística desde las “urbanidades difusas” del suroeste ibérico, y desde 2023 es mediador curatorial de la organización Concomitentes.
Fotografía Alegría y Piñero
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)