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Spotlight

16 julio 2026

Todas las formas de vida son la malla

Es curioso cómo, aunque Benno von Archimboldi estuviera desde su nacimiento tan conectado con la naturaleza que parecía asemejarse a un alga, no le gustaran la tierra ni los bosques, ni tampoco el mar, o más bien su superficie, donde se levantan “las olas erizadas por el viento”. Le atraía una especie de negatividad del paisaje. “Lo que le gustaba era el fondo del mar, esa otra tierra, llena de planicies que no eran planicies y valles que no eran valles y precipicios que no eran precipicios”. Por lo singular que parecía aquel niño, encontró una forma de contemplar ese mundo: abría los ojos bajo el agua, arriesgándose a dejarlos enrojecidos y a recibir las reprimendas de su madre, que temía que la gente pensara que se pasaba el día llorando. Archimboldi, de manera muy natural, a mi modo de ver, se parece a aquel tercer pájaro añadido a la historia de Plinio el Viejo sobre la competencia entre los pintores griegos Zeuxis y Parrasio para determinar quién había creado la obra más realista. Mientras que, en la versión original, Zeuxis logra engañar a los pájaros, que descienden para intentar picotear las uvas pintadas, una narrativa posterior imagina un tercer pájaro que queda cautivado ante la pintura: inmóvil, observando fijamente la imagen, como absorto en sus propios pensamientos. Antonio Ballester Moreno (Madrid, 1977) me habló de este tercer pájaro y de la orden que lleva su nombre, incluido el colectivo de investigación ESTAR(SER) y el historiador de la Universidad de Princeton D. Graham Burnett, así como de la influencia que ambos han tenido en su práctica artística y en la preciosa exposición El cielo y la tierra, que comisarió en el CA2M.

Sin embargo, su influencia no se limita a este último proyecto. Ya aparecen ecos de ella en No School, la exposición que realizó en La Casa Encendida en 2011, donde abordaba la necesidad de desaprender para recuperar la pureza de la mirada infantil. También puede rastrearse en su participación en la 33ª Bienal de São Paulo, en 2018, cuando incorporó los juguetes educativos y materiales didácticos diseñados por Friedrich Fröbel, el pedagogo alemán que desarrolló el concepto de kindergarten. Más concretamente, aparecía en el trabajo de Rafael Sánchez-Mateos Paniagua, coordinador de Atenta (atenta.net), un “grupo dedicado a la atención profunda y la aisthesis radical en el arte”, integrado por un equipo de personas procedentes de distintas disciplinas (como el arte, la ecología, las ciencias, la espiritualidad, la magia, la poesía y la educación), que se materializaba, por ejemplo, en un espacio para el descanso y en 32 publicaciones con cordeles y poemas presentadas en la Bienal. En aquella ocasión, el visitante era recibido con un texto de Ballester que parecía casi escrito para el pequeño Archimboldi: “Somos todos diferentes. Cada uno ve el mundo de una forma distinta.” No es casualidad que el texto recupere un protagonismo desconcertante, marcado por su singularidad, en los cartones de gran formato escritos a mano por el propio artista, que preceden el acceso a la exposición en el CA2M. Se trata de un proyecto artístico y pedagógico articulado en torno a la percepción del paisaje, que explora cómo incorporamos el exterior a nuestros propios cuerpos y vidas a través de una mirada contemplativa. Para ello, Ballester diseñó un proceso colaborativo de acompañamiento continuo, estructurado en grupos estables de participantes: el alumnado del CEIP Federico García Lorca de Móstoles y sus familias, con edades comprendidas entre los 5 y los 50 años. Con ellos se realizaron paseos de atención profunda por parajes naturales de Móstoles, aplicando una versión de los protocolos de atención profunda y aesthesis radical de ESTAR(SER) y el Orden del Tercer Pájaro. Posteriormente, el proceso se trasladó al estudio del artista, donde los participantes se implicaron activamente en el diseño de la exposición y en la discusión de la maqueta del espacio. Finalmente, las jornadas de producción colectiva se llevaron a cabo entre las aulas del colegio y el museo, donde los participantes recortaron y pintaron la totalidad de las figuras escultóricas que integran la instalación suspendida que envuelve al visitante. Lo que hace difícil no pensar en la idea de malla (mesh) para Timothy Morton, en que la naturaleza deja de ser un fondo decorativo o un objeto distante para convertirse en una red de relaciones ecológicas donde todo está copresente y conectado de manera inextricable. A veces, estos cartones obstruyen la visión de las obras de manera tan natural que me hicieron reflexionar sobre lo acertado que resulta, en manos de artistas comisarios (como Philippe Thomas, Goshka Macuga, Hélio Oiticica, Marcel Broodthaers, John Cage, entre otros), expandir las posibilidades mismas del comisariado. Pensar que obras tan conocidas como la escultura Monumento a los pájaros (1957–58), de Alberto Sánchez, el vídeo Gustave Courbet (2000), de Perejaume, o incluso la fotografía Tree with Bench (1996), de Rodney Graham, pueden ser percibidas desde una luz muy distinta gracias a esa escenografía. Quizás deberíamos estar agradeciendo al padre de Ballester, ya que todo ese universo se nutre de sus primeras experiencias estéticas montando el Belén junto a él, quien los hacía con montañas de escayola y agua en movimiento gracias a una bomba de lavadora. Ballester recuerda que, cuando le ayudaba, podía pasar horas contemplándolo. Él mismo suele decir que sus exposiciones son belenes a otra escala. Al final, no se considera un pintor, sino alguien que hace belenes. Siento que es precisamente en El cielo y la tierra donde la “malla” de Ballester revela su dimensión más poética. Incluso en aquello que no vemos, en todos esos procesos que ocurrieron de manera oculta para el público, se percibe una suspensión del juicio utilitario, que nos permite habitar, de forma prolongada y fascinada, el misterio de la interconexión.

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Antonio Ballester Moreno, «El cielo y la tierra». Fotografías: Sue Ponce

 

La exposición El cielo y la tierra de Antonio Ballester Moreno puede visitarse en el CA2M hasta el 27 de septiembre de 2026

 

[Imagen destacada: Antonio Ballester Moreno, «El cielo y la tierra». Fotografía: Roberto Ruiz]

Tiago de Abreu Pinto es comisario y escritor. Doctor en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis centrada en la agencia de relaciones públicas Readymades Belong to Everyone. Ha comisariado exposiciones en galerías, instituciones, y bienales, y ha participado en numerosos programas internacionales de comisariado. En España ha sido galardonado con el premio Se Busca Comisario de la Comunidad de Madrid. Como escritor ha publicado varias novelas cortas centradas en artistas, además de una serie de textos narrativos en catálogos.

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