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Magazine

enero
2021: Una odisea en el ciberespacio

Diana Padrón

2020 no pudo traernos más sobresaltos. A finales de año, cuando pensábamos haber colmado nuestras sorpresas, se localizaba un misterioso monolito en el desierto de Utah que parecía estar caracterizado por el don de la ubicuidad, no sólo por su prolífera difusión en el ciberespacio, sino además por su intrigante reaparición en California, Piatra Neamț, Frisia, la isla de Wight, Segovia e incluso, según algunas voces, en el propio Guinardó barcelonés. El monolito –una estructura aparentemente metálica con acabados reflectantes a modo de prisma triangular de casi 3 metros de altura– sin duda venía a simbolizar un año cargado de incógnitas, pero aún más interesante, fue seguramente esa naturaleza incierta y enigmática lo que alimentó las especulaciones de que nos encontrábamos ante un objeto artístico. Esta interpretación nos lleva a reconsiderar el sentido de 2001: A Space Odyssey al abrigo de una conocida teoría en la que tal vez no está de más insistir: la de que no son los avances tecnológicos sino la experiencia estética la que impulsa todo cambio de paradigma.

Mientras aplazamos proyectos, celebraciones y abrazos hasta fechas hipotéticas, tratamos de no naufragar entre skypes, reuniones meet, conferencias zoom, webminars, clases online, expos digitales, residencias virtuales y otras promesas tecnológicas que parecen establecerse más allá de las vacunas. Como en la película de Kubrick, nos encontramos en una nave que no para de avanzar en medio de un espacio falto de referencias mientras las tecnologías se empeñan en imponernos un camino a seguir. Por eso hemos convocado un oráculo de críticas, mediadoras y pensadoras, porque todas ellas trabajan en los límites de la práctica artística, la investigación, la crítica, la gestión o la curaduría y pueden intuir la odisea en la que muy probablemente nos tocará seguir navegando desde el sector cultural durante 2021.Porque continúa siendo necesario reivindicar el ejercicio de la crítica –hermenéutica y predictiva– frente a la impotencia del hater digital. Porque como observa Laura González, se dieron algunos pasos y en 2021 nos quedan muchos más por dar, y a pesar de la corriente, los daremos sonriendo junto con Raisa Maudit, repensando la corporalidad con Ericka Florez y recordando con Solar que, al final, el principio era pensar.

Monolito aparecido en el desierto de Utah el 18 de noviembre de 2020 (Imagen Creative Commons)

 

 

(Imagen destacada: Fotograma de la película 2001 A Space Odyssey, dirigida por Stanley Kubrick, 1968).

 

Tema del Mes

Trabajo porque me dijeron que era un juego, un debate, un baile y sí, muchas veces me lo paso pipa. Porque tengo un compromiso con la ciudad donde vivo, con el arte, con la crítica, con la esfera pública. Evidentemente trabajo porque es imperativo ser autosuficiente, pero sobre todo lo es acumular capital simbólico. Me parecería obsceno equipararme al trabajador asalariado, nuestro modelo es más bien el del empresario. Trabajo para reproducir el capital, para innovar en flexibilidad laboral, para experimentar lo último en autoexplotación y para que me inviten a fiestas divertidas. Paradójicamente, también trabajo para imaginarme alguna clase de colectivo. Porque al final, no vayamos a ser nihilistas, algo debe haber en el arte que apunte a alguna suerte de afuera. Trabajo por si algún día, entre todos, nos inventamos otro mundo. dianapadronalonso.com

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)