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Magazine

marzo
Flax, Kale, Barcelona World

Xavier Acarín

Marzo concluye y nos situamos frente a un Abril tumultuoso, la batalla por Barcelona empieza su cuenta atrás. La multi-partida electoral en la que se sitúa España, parece un signo más de la encrucijada de nuestros tiempos. En este contexto, el ímpetu de este número de A-desk, ha sido el de visualizar y verbalizar aquellos procesos y situaciones que, aún siendo presentes, son desplazados o ignorados. El texto que firmaron Lucía Egaña y Jara Rocha, da cuenta de las prácticas en organizaciones culturales, donde de forma frecuente nos encontramos supeditados a fuerzas abusivas que imponen y promueven relaciones nocivas.

“A menudo estas malas prácticas son sostenidas por sujetos con bastante legitimidad institucional (más que la tuya en cualquier caso), y otras veces suceden por simple inercia: las malas prácticas forman parte del paisaje más mediocre.”

Ejercicios de psico-política de nuestros buenos neoliberales que usan la precariedad laboral como herramienta para apretar las tuercas de la auto-explotación. Supeditación, sumisión, y servilismo por miedo a perder lo poco que nos queda. Una condición que se traslada a la ciudad entera, y construye argumentos para resignarse a los procesos globales de gentrificación y degradación de lo ecológico y lo social. Vivienda, inseguridad, masificación turística, pérdida de singularidad, desplazamiento de la población, encarecimiento de la vida, y desigualdad, son algunos de los males que acechan a la ciudad. Ahí los dibujos de Alba Feito.

La Barcelona despojada de sus particularidades, tanto materiales como vivenciales, hace que esta sea un intermedio entre una caricatura de sí misma, un parque temático y un shopping mall de un gran aero-puerto en temporada estival. Turistas y locales, basculan entre una experiencia de lo global (uber, airbnb, brunch, food trucks, co-workings, mercadillos y festivales) y una autenticidad estilizada de lo local (bodegas de vermut, Gràcia y Sant Antoni, fiestas en azoteas, pisos con hidráulica, fiestas mayores y Mediterráneo). El momento inesperado, el rastro del tiempo, y la resistencia de la Barcelona canalla, se dejan entrever en las fotografías de Michael Hart.

A menudo, se nos dice, que Barcelona murió de éxito. Que se nos fue de las manos, y que, cómo en toda España, pasamos de unos años locos de especulación, despilfarro y corrupción a tener que vendernos al mejor postor en los momentos más crudos de la última crisis. El texto de Carlos Delclós nos ayuda a resituar el debate del modelo y el efecto de la ciudad tanto como atracción internacional cómo agente de influencia metropolitana. Hay una Barcelona expandida que tendríamos que tratar – que estamos tratando – para no abandonarla a las maniobras de los buitres. Y hacerlo con el grado suficiente de utopismo localista (horizontalidad, anti-normatividad, huertos urbanos) y acceleracionismo eficiente (transporte, medio ambiente, economía sostenible), evitando metáforas que condicionan más que ambicionan. Basta de comparar a L’Hospitalet con Brooklyn, a Barcelona con Ámsterdam, y a Catalunya con Massachusetts.

Y al final el arte contemporáneo. Gracias a Caterina Almirall y a Carolina Jiménez nos acercamos a Les Escenes que celebran el veinticinco aniversario de La Capella. Su texto nos proporciona una mirada a lo que hay detrás y a los lados de la tarima escenográfica.

Las muchas crisis que hemos acumulado en la última década viven en el sector del arte una gravedad acuciante, frivolizado por los bandazos en la estrategia cultural tanto del Ayuntamiento como de la Generalitat. La situación es conocida: 1. falta de legislación propia y adecuada al sector que afecta a todo el entramado (mecenazgo, procedimiento administrativo, estatuto del artista, sistema de becas y subvenciones), 2. extrema dependencia a la administración pública (presupuesto, gestión, falta de ambición y continuidad de los proyectos, malas prácticas), 3. precariedad de las trayectorias profesionales, 4. sospecha generalizada (propiciada por la repercusión de polémicas trasnochadas, y por una visión del arte como tomadura de pelo, improductivo, elitista, etc.), y 5. una falta de auto-crítica y auto-exigencia por parte de todos los agentes que conforman el sector.

Si bien el arte contemporáneo se ha convertido en el lenguaje de la globalización neoliberal, en su función especulativa-mercantil y en su fuerza gentrificadora. En Barcelona se le añaden varias dificultades que paralizan, desmoralizan, distorsionan y flagelan continuamente a quienes intentan salir adelante. La clase política se comporta para con el mundo del arte como el perro del hortelano, ni come, ni deja comer. Ni ejerce su función, ni deja que surjan otros sistemas operativos. La miseria de las estructuras burocráticas (y las miserias personalistas) mata al sector por puro cansancio, y añaden más que solucionan los problemas base de un sistema que es en sí difícil de cuantificar. ¿Cómo trazar el recorrido de una idea, que se puede formar por inputs cognitivos, creativos, o sensoriales presentes en el arte, y que pueden acabar alimentando a otro sector? ¿Cómo detectar las fuentes que nos llevan hacia una ciudadanía activa, crítica, e imaginativa?

En un universo paralelo, hay una Barcelona en la qué Metrònom, la Sala Moncada, el Espacio Poblenou o incluso la Cúpula Venus siguen abiertos. En donde el eje entre el Umbracle y el antiguo Palacio de Bellas Artes funciona como una entidad trans-disciplinaria dedicada al Antropoceno, y en donde Santa Mónica, el Canodrómo y Fabra i Coats son tres centros de arte independientes, estables, financiados por convenios público-privados, y dirigidos por personas respetadas por el sector. En donde los espacios auto-gestionados no son una excepción, y en donde el potencial creativo de tanta gente es aprovechado en escuelas, universidades, empresas, y centros de investigación. Una Barcelona en la que los bares musicales no están en continuo riesgo de clausura, en donde el teatro no es un arte burgués de domingo por la tarde, y en donde los museos abren por las noches. Vinçon sigue abierta, y aún se hacen expos en el taller de Ramón Casas, donde el interior de Sert de la galería Joan Prats sigue intacto, y las librerías Canuda y Ancora y Delfín venden libros cada día. No es melancolía, sino simple necesidad de ser algo más que Barcelona World o cualquier otra fantasía que se filtra en las mentes de nuestros políticos. El mono-cultivo nunca fue beneficioso para la salud del suelo.

 

Tema del Mes

Xavi Acarín está fascinado con la experiencia como motor de la cultura contemporánea. Ha trabajado para centros de arte y organizaciones culturales tanto en Barcelona como en Nueva York, con especial atención a la performance y a la instalación.

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